La frontera entre el mundo civilizado y el bárbaro de los antiguos Californios

La visión del misionero es siempre la mirada del colonizador que pretende antes que cualquier cosa demostrar la supuesta inferioridad de los indígenas, para justificar laconquista. Sus descripciones conforman un sistema de alteridad en donde predominan los juicios morales, el otro es un ser inferior por que no sigue las reglas de conducta cristianas, es un bárbaro que debe ser cristianizado para que pueda ser salvado según el esquema planteado por la filosofía cristiana de la historia. En la primera parte de los relatos misionales aparecen invariablemente los indígenas en su estado salvaje, antes de recibir la doctrina y de ver reformadas sus costumbres.
Los cazadores recolectores de California, recibieron distintos nombres y categorías, existieron algunas diferencias, pero en términos generales podemos apreciar cierta unidad en la clasificación utilizada por los cronistas. La mayoría de los autores sigue la primera clasificación elaborada por el padre Segismundo Taraval quien agrupó a los nativos de la siguiente manera: Pericú, Vaicura, Loreto y Cochimi. El resto de los cronistas coincide en esta clasificación con algunas variantes. Venegas por ejemplo modifica la grafía de vaicuras por guaicuras, otros como Burriel, Barco y Clavijero sólo reconocen tres naciones.
Baegert es el único que no hace ningún tipo dedistinción y sólo llama a los nativos con el nombre genérico de Californios.
Los cronistas consideran a los californios como bárbaros, nómadas, seres que poco se distinguen de las bestias y que vagan desnudos por los desiertos californianos. Estos desprovistos de cualquier elemento material se encontraban inermes ante la naturaleza, sólo tenían ‘’un bosque por ciudad, antros por casas, arbustos por comida, armas por adornos, fuego por vestido, piel por armadura, piedras por colchón.’’
Venegas afirma que parecían verdaderas bestias salvajes más que hombres, pues carecían de policía y estaban
sumidos en costumbres gentílicas.
No obstante, en los relatos no existen juicios negativos en lo que respecta al físico de los nativos, el padre Burriel los consideraba bien formados y de talla corpulenta y bien hecha: el rostro no es desapacible.
Los californios son sanos, robustos y de buena estatura, pero ‘’la vida salvaje los ha hecho rudos, muy limitados en sus conocimientos por falta de ideas, perezosos por falta de estimulo, inconstantes, precipitados en sus resoluciones y muy inclinados a los juegos y diversiones pueriles por falta de freno; pero por otra parte carecen de ciertos vicios muy comunes entre los bárbaros y aun en algunos pueblos cultos.’’
Los jesuitas, pues, no degradan a los indígenas por cuestiones físicas, sino por sus costumbres que atentan contra la moral cristiana. Clavijero afirma, que los niños y los adultos siempre andaban desnudos, hombres y mujeres, que no ocultaban su indecencia.

Los californios son seres primitivos, en completo estado de salvajismo simbolizado por la desnudez. El cuerpo desnudo es para el cristiano sinónimo de una sexualidad desenfrenada y desviada que se evidencia en la
poligamia practicada por los salvajes. La desnudez es un tabú en el seno de las sociedades cristianas, para los misioneros, es fundamental vestir el cuerpo de los nativos y evitar la vida licenciosa en la nueva cristiandad de California.
Otro criterio para juzgar a los californios como pueblos salvajes, era su nomadismo, éstos vagabundean por el terreno sin hacerlo suyo, se alimentan de carne cruda, apenas quemada. Baegert considera que no poseen una es
tructura social, porque no tienen ciudades ni existen en California templos, villas ni ciudades. ‘’Los bienes inmuebles de los californios, no son otros que las duras rocas, los cerros pelones y la tierra arenosa y árida; los bienes muebles son los montones de piedra, los zarzales y todo lo que anda o se arrastra sobre y debajo de la tierra.’’
Eran hombres que habían crecido sin educación, sin freno: Se caracterizan por su estupidez e insensibilidad: la falta de conocimiento, y de reflexión: la inconstancia y volubilidad de una voluntad y apetitos sin freno, sin luz
y aun sin objeto; la pereza y horror a todo trabajo y fatiga: la adhesión perpetua a todo linaje de placer y entretenimiento pueril y brutal, la falta miserable de todo lo que forma a los hombres, luces racionales, políticas, y útiles para sí y para toda la sociedad.
A los ojos de misioneros como Miguel del Barco, las prácticas desarrolladas para sobrevivir por los nativos eran repugnantes, las mujeres usaban orines para lavar a los recién nacidos, mientras que para poder s obrevivir los hombres amarraban un cordel al bocado para poder sacarlo en varios ocasiones una vez tragado.
Los californios son considerados bestias salvajes porque carecen de polis, es decir de vida social; este criterio data de la antigüedad pues los griegos consideraban que aquel que no puede organizar una ciudad –pólis– con sus instituciones no podía ser considerado civilizado. Según Francois Hartog en la antigua Grecia existía una visión política de la alteridad fijada por Aristóteles quien concebía al hombre como un animal político. Quien no puede formar una comunidad o es un Dios o es un animal. La identidad griega no es producto del suelo, sino que surge a partir de un conjunto de rasgos culturales, el ser griego se define a partir de la vida en común en la ciudad.
Para el pensador griego los bárbaros –los que no hablan griego– no eran hombres racionales, incluso consideraba que existían seres que habían nacido para ser esclavos por naturaleza. Después pensadores romanos como Cicerón retomaron estas categorías antropológicas, para distinguir al ciudadano romano del provinciano, este último carecía de las virtudes necesarias para ser miembro de la civitas, permanecía fuera de la comunidad, era un ser aparte que inspiraba temor y miedo.
Los imperios de la antigüedad construyeron un sistema de identidad basado en la exclusión del otro, sólo en la comunidad imperi al florece la vida social, en la periferia viven los parias, los bárbaros, los seres que carecen de humanidad y que por lo tanto pueden y deben ser sojuzgados. Con el ascenso del cristianismo en Occidente se agregó una nueva cualidad de civilidad, la de ser cristiano.
Los imperios europeos que iniciaron su expansión en el siglo XVI retomaron gran parte del modelo político romano, pues en el mundo occidental no existía un imperio de mayor gloria y esplendor. Los ideólogos de los modernos sistemas coloniales utilizaron argumentos de la teoría política surgida en el mundo antiguo.

Prueba de ello es que las primeras justificaciones de la conquista usadas por los españoles fueron tomadas de
Aristóteles, el jurista español Juan López de Palacios Rubio señaló en 1512 que los indígenas eran esclavos por naturaleza, además los indígenas no poseían una sociedad civil desarrollada y carecían del concepto de propiedad, por lo tanto no podían ser considerados despojados de las tierras americanas.
Los jesuitas no seguían los argumentos de los ideólogos imperiales propiamente, ellos no concebían a los indígenas como esclavos naturales, pero creían que era un deber cristiano integrar y educar a es tos semihombres que vagaban en California. Ellos no hablan de conquista, sino de un profundo acto de caridad cristiana de parte de la Corona, quien somete a lo nativos a una orde n social. Los indígenas habían desarrollado vicios terribles por falta de educación y por la pobreza del medio ambiente: La infertilidad de California y la consi guiente falta de agricultura, de artes mecánicas y de trabajo, corre parejas con la eterna holgazanería y las interminables correrías de los californios, con la falta de vestimenta decente y las habitaciones indispensables. Esa escasez, esta ociosidad y esta vagancia, son el origen de un sinnúmero de vicios y maldades, hasta en tre la tierna juventud, de los que el europeo, según todas las apariencias, tampoco hubiera tenido ladesgracia de nacer en un país como los es California.
En el discurso de los misioneros no existe la idea del noble salvaje que había promovido Rosseau, no es la sociedad la que corrompe al hombre, todo lo contrario, es laausencia total de vida organizada la que lo degrada hasta convertirlo en un animal: !Que Dios quiera iluminar aun más a los ca lifornios y que guarde a Europa de tal
crianza de los niños, que, en parte, corre parejas con los planes que el infame J. J. Rousseau ha ideado en su Emile, así como la moral de algunos filósofos modernos de la cofradía de los canallas. Quieren estos, que se dé rienda suelta a las pasiones e instintos y que no se empiece con la educación de los niños, en cuanto toca a la

religión, la fe y el temor de Dios, antes de los dieciocho o veinte años!
La transformación del indígena se dará sólo en la medida en que sea difundido el evangelio y se introduzcan las costumbres cristianas. Para los jesuitas era necesario eliminar por completo los antiguos cultos primitivos. En las primeras crónicas aparece la imagen de la religión demoníaca, el padre Taraval afirma que la rebelión de los californios es producto de las maquinaciones de Lucifer.
Igualmente Venegas sostiene que la falsa religión de los californios es una manifestación diabólica. El cronista pensaba que lasnaciones de California habían sido instruidas en los dogmas cristianos, pero debido a la soledad y libertad de que gozaban, pronto se habían desviado en sus costumbres debido a la influencia del demonio.
El resto de los cronistas abandonó la idea de la presencia demoníaca en California, al menos en sus textos, quizá porque se dirigían a un público educado de Europa que habían abandonado la idea de la intervención demoníaca en los asuntos humanos. Para los siguientes cronistas , el bárbaro de California no posee religión
alguna. En California no existían ‘’ni autoridades, ni policía, ni leyes; que no conocían ni ídolos, ni templos ni ritos, ni nada que se le pareciera; que no adoraban el verdadero Dios y único Dios, ni creían en falsos Dioses.’’
Ni siquiera había sacerdotes, según Clavijero, los chamanes no eran sacerdotes, ni siquiera brujos, eran simples embusteros que se aprovechaban de la ignorancia de los indígenas: ‘’No hay sacerdotes porque no hay sacerdocio donde no hay culto a la Divinidad ni ejercicio alguno de religión; no brujos porque en virtud de los informes dados por los misioneros más hábiles, se sabe que no tenían comercio alguno con el demonio, aunque por su propio interés fingían tenerle. Sin embargo [los brujos] eran muy embusteros y malvados, y se opusieron grandes resistencia a la introducción del Evangelio.‘’
Era obligación de los misioneros reducir a los nativos porque a pesar de su carácter bestial, era hijos de Adán, poseían alma y podían ser receptores del mensaje cristiano.
Varios cronistas conciben a los indígenas de California como infantes que necesitan la tutela del Estado y de la Iglesia. Para Taraval los indígenas del sur, en particular la nación de Loreto se caracterizan por ser infantes en facultades y mente, alma y amistades.
Burriel sostenía un juicio similar: ‘’ En una palabra, estos in felices hombres pueden igualarse a los niños, a quienes no han acabado de desplegarse del todo el uso de la razón; y nada se pondera en decir que son gentes que nunca salen de la niñez.‘’
Baegert tampoco tenía muchas esperanzas con respecto a los indígenas, por lo tanto era necesario frenar sus
instintos y reducirlos a la fe cristiana pues eran pueblos inmaduros, niños hasta la tumba.
Los cronistas exhiben así una actitud paternal, los indígenas deben ser vigilados y educados en la vida cristiana permanentemente, pues no son capaces de gobernarse. Este argumento recuerda las posturas elaboradas por la llamada Escuela de Salamanca representada por los dominicos Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, quienes en el siglo XVI afirmaron que el dominio español sólo era legítimo porque la Corona se convertía en tutora de los indígenas. Francisco de Vitoria, argumentaba en suDe Indis (1539) que la posesión del imperio español de América no podía sostenerse en las cinco bulas emitidas por Alejandro VI en 1493. Estas conferían al monarca español la propiedad de las tierras descubiertas hasta ese momento. Pe ro Vitoria sostenía que el papado no tenía

jurisdicción sobre asuntos humanos y las bulas no tenían efectos sobre la vida política. Los cronistas no son propiamente an tiimperialistas, ni desarrollan posturas elaboras y complejas como los teólogos del siglo XVI. Para mí sólo es evidente que retoman el argumento de la naturaleza infantil de los indígenas que justifica el que deba mantenérseles en tutela hasta alcanzar su plena madurez. Una civilización de mayor jerarquía puede sojuzgar a bandas de salvajes para integrarlos a una vida racional, según los designios de la Providencia Divina.

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