IDENTIDADES EN CONFLICTO: INDIGENAS Y MISIONEROS EN LA PENINSULA DE CALIFORNIA , 1697 – 1769

A fines del siglo XVII llegaron a Europa informes respecto al establecimiento de una colonia permanente en la provincia novohispana de Californias.[1] Esta “isla”, escurridiza y esquiva, había representado para muchos un sitio imposible de conquistar y los fallidos intentos por ingresar en ella lo habían comprobado una y otra vez. Muchos aventureros, desde simples navegantes desconocidos hasta el mismo Hernán Cortés, conquistador del imperio mexica, habían intentado establecerse y controlar aquel territorio, con la esperanza de obtener prestigio y ganancias económicas, y habían fracasado.

Si bien una primera colonia, establecida por Cortés hacia 1535 no pudo nunca considerarse próspera, sobre todo ante la imposibilidad de cultivar aquel territorio desértico, y lo que es más, no logró siquiera las suficientes ganancias para cubrir los costos de la ardua empresa que había sido llegar hasta ahí, muchos pensaron que se obtendrían cuantiosas riquezas de los recursos que –al menos hasta entonces- se creía que California poseía, como: perlas y metales y piedras preciosas en abundancia; así como de su ubicación, en pleno Mar del Sur y en el trayecto que seguía cada año el Galeón de Manila en su ruta a la especiería de Oriente, es decir, una de las rutas comerciales más prósperas hasta ese momento, lo que costearía el su bastimento desde la contracosta.

Muchos habían sido los intentos por conquistar esta península. Desde su descubrimiento 1513 y durante los siguientes 150 años, aventureros, comerciantes y científicos se habían internado en las aguas del Mar del Sur con la esperanza de encontrar la mítica isla de California, mencionada en la literatura caballeresca de la época, siempre relacionada a sitios como El Dorado y las míticas Siete Ciudades de Cíbola y Quivira. Esperaban encontrar un reino, gobernado por la hermosa reina Calafia, poblado únicamente por mujeres, donde el oro abundaba de tal manera, que hasta los animales lucían ornamentos de dicho metal, así como perlas de tamaño considerable. Obras como Las sergas de Esplandián (1510) y El cantar de Roldán (siglo XI) daban cuenta de la existencia estos sitios de ensueño. Como vemos, este relato mítico trascendió a la esfera de la realidad, convirtiéndose en el motor de estas las expediciones.

Sin embargo, todos los que lograron arribar a California, dejaron atrás sus ilusiones al enfrentarse a la realidad: no era en absoluto el reino rico que esperaban. Todo lo contrario. Encontraron un sitio en medio de la nada, desértico, en el que sus habitantes parecían sacados de uno de esos libros fantásticos, tan comunes en la época, en estado salvaje, cazadores-recolectores seminómadas y sumamente hostiles. Aun así, siempre hubo alguien dispuesto a emprender tan ardua empresa, aun después de que se prohibieran todas las exploraciones. Y es que:

[…] el deseo de recompensar con grandes y extrañas noticias el desconsuelo que producían las desgracias de las empresas para su conquista, avivado por aquella satisfacción que causa la suspensión y admiración de los oyentes en quien se refiere haber sido testigo de vista de extrañas novedades, hizo que muchos lograsen la ocasión de hacerse plausibles, amontonando fábulas al volver desairados de las expediciones.[2]

Si bien abundaba la pesca de perlas,[3] esta no era tan profusa como describían las crónicas y nunca fue lo suficientemente redituable como para sufragar los altos costos de viaje y permanencia en el lugar, por lo que todas estas expediciones, más temprano que tarde, terminaron en fracaso.


“Seno de Californias y su costa oriental nuevamente descubierta y registrada
desde el cabo de las Vírgenes hasta su término que es el río Colorado…”, 1746.
AGI, MP-México, 576. www.pares.mcu.es

De ahí que desde fines del siglo XVI, cuando prácticamente se habían perdido las esperanzas de colonizar esta escurridiza “isla”, y los religiosos de la Compañía de Jesús solicitaron se les otorgara una oportunidad de arribar a California para beneficio de aquellas “pobres naciones”, las expediciones ya habían sido suspendidas hasta nuevo aviso.[4] En esos años, el jesuita Juan María de Salvatierra envió a sus superiores una solicitud de entrada en la que manifestó:

[…] siempre he estado proponiendo el entrar a los indios mansos de San Ysidro y San Bruno en la California, y ninguno de los padres provinciales, antecesores de vuestra reverencia, me lo ha negado, sino diferido […] tampoco vuestra reverencia me ha negado el paso, sino diferido […][5]

Siguiendo los consejos del también jesuita Eusebio Francisco Kino, un alemán que había estado en California durante un año y medio en una de las muchas fallidas “entradas”, la del almirante Isidoro Atondo, cuyo uno de sus mayores méritos fue el establecimiento del poblado de San Bruno en el que, aunque a duras penas, los habitantes sobrevivieron, hasta que les fue imposible continuar, y una exploración exhaustiva de las costas peninsulares  del Mar del Sur, donde dio nombre a algunas bahías y playas. Sin embargo, la prolongada sequía, el desabasto de víveres y las dificultades para conseguirlos, dieron al traste con este proyecto, en el que Kino cumplía el papel, además de cosmógrafo, de misionero. A pesar de dicho contratiempo, en su mente persistió la idea de volver y más tarde influiría en Salvatierra para emprender juntos esta labor.

Más tarde se sumaron a esta iniciativa otros ignacianos, entre ellos José María  Piccolo y Juan de Ugarte, quienes pertenecieron a la primera “generación” de misioneros, mismos que sentaron las bases en que se construyó la identidad jesuita sobre la base del sistema misional, y la del indígena californio, con respecto a su peculiar papel en ese nuevo país que los extranjeros habían inventado, el que aunque aún era el suyo, ya no le pertenecía del todo, porque debía compartirlo con los forasteros, que no compartían su modo de vida.

Ahora bien, ¿cuáles fueron las motivaciones que llevaron a estos primeros misioneros a emprender la colonización?, ¿cómo concebían a los indígenas californios y cómo se modificó su percepción en las etapas posteriores al contacto?, ¿cómo era el californio en el imaginario europeo, y hasta qué punto esta concepción influyó en los jesuitas europeos que a lo largo del siglo XVIII deseaban y solicitaron “pasar” a California? Consideramos importante dar cuenta de estos procesos, dada su injerencia en los pobladores actuales de dicha península.

Encuentros y desencuentros

La conquista europea en América generó una serie de reacciones contradictorias. Más allá del archisabido y frecuentemente estudiado “encuentro de dos mundos”, existió un fuerte conflicto entre las partes implicadas, no sólo en cuestiones militares o políticas. Significó la creación de una nueva identidad, relacionada al contacto y la manera en que sus realidades se enfrentaron y convergieron. Tanto conquistadores como conquistados recibieron la influencia cultural del “otro”, lo que llevó a la conformación de un imaginario ajeno a los que lo complementaron. Por supuesto que este proceso no se desarrolló de la misma manera en todos los sitios donde se estableció el contacto; una multiplicidad de factores dio a cada región determinadas características que lo hicieron singular.

En el caso de la aculturación en Baja California, una combinación de factores, ambientales, económicos y culturales, contribuyeron a la conformación del “ser californiano”. En la península -como en otras partes donde se estableció contacto- este fue un proceso lento y complicado, lleno de contradicciones para los nativos. Por un lado, los misioneros estaban en su territorio para sacarlos de la ignorancia e integrarlos a la vida civilizada, como ellos mismos testimoniaron, al tiempo que su calidad de indígenas, con poca o nula capacidad de raciocinio les quitaba toda posibilidad de participar de la vida como un colono de misión cualquiera –ya no digamos tener algún puesto de responsabilidad- y les negaba la integración a la vida cotidiana de la misión.

Principios básicos: a la mayor gloria de Dios

El 27 de septiembre de 1540 se publicó la bula Regimini Militantis Ecclesiae, que decretaba la creación de una nueva orden religiosa, con un nombre peculiar: Compañía de Jesús. Su fundador, Ignacio de Loyola, era un ex militar lisiado que había “encontrado” a Dios en una época tardía de su vida, a raíz de una lesión en batalla que lo postró en cama varios meses y que lo dejaría con secuelas el resto de su vida. Aficionado a los libros de caballería, como muchos de sus contemporáneos, y poseedor de una fuerte tradición castrense, Loyola trasladó muchos códigos de conducta militar a esta orden en la que él era Padre General, y que, según sus principios fundacionales tenía como propósito: “la propagación de la fe mediante el ministerio de la palabra, los ejercicios espirituales y las obras de caridad”.[6] El lema de Loyola, “a la mayor gloria de Dios”, sostenía que todo lo que una persona hiciere a lo largo de su vida, debía ser con el objetivo de la glorificación divina.

El pensamiento humanístico[7] determinó muchos de los procedimientos de la orden en cuestiones relacionadas a la labor misional, porque permeó su manera de concebir este trabajo, y los grupos de personas con que debería alternar. Si bien compartían una visión del indígena similar a la de otras órdenes, para los misioneros el establecimiento y fructificación misional, en todos sus aspectos ­-económico, político y religioso­­- significaba la realización de la utopía cristiana, a saber, el establecimiento del reino de Dios en la tierra.


“Un pagano y una pagana vienen con su hija e hijo de la
serranía a la misión para bautizarse”, Ignaz Tirsch,
Codex Pictoricus Mexicanus. http://digit.nkp.cz

Esta utopía, tenía una clara relación con la Utopía de Tomás Moro, quien concibió un mundo perfecto, con un funcionamiento ideal, protegido de la maldad         humana y con todas las posiblidades de florecimiento de la paz, el amor, la justicia y la belleza, un ámbito celeste y perfecto, alejadas de la imperfección humana, una “ciudad celeste”, o “ciudad de Dios”.

Predicar en el desierto: la resistencia indígena a la evangelización

Dada la importancia que tenía la evangelización en las regiones más remotas del mundo, en el imaginario jesuita California representó la oportunidad de recrear el reino de Dios en la tierra. El desierto, como “morada del demonio”, era también un sitio de reflexión por tradición. Cómo olvidar el relato bíblico sobre los cuarenta días que Jesucristo pasó en el desierto, donde fue tentado por el demonio y salió airoso de dichas pruebas.[8] Así, el desierto era presentado como sitio de prueba, donde existía la oportunidad de glorificar a dios, al tiempo que se mostraba la calidad personal de la fe. El Diccionario de autoridades define misión:

La salida, jornada o peregrinación que hacen los Religiosos y varones apostólicos, de pueblo en pueblo, o de provincia en provincia, predicando el Evangelio, para la conversión de los herejes y gentiles, o para la instrucción de los fieles y corrección y enmienda de los vicios. La tierra, provincia, o reino, en que predican los misioneros.[9]

El término misión era utilizado no sólo como sinónimo de “encomienda” o “encargo”, sino que significaba además al territorio al que era asignado el misionero, el “eclesiástico que en tierra de infieles enseña y predica nuestra santa religión”,[10] por lo que se deduce que la misma labor misional era considerada un trabajo arduo y peligroso, pero que redundaba en grandes recompensas, en tanto que se daba a conocer la palabra divina y se rescataban las almas de los infieles.

En el imaginario jesuita, la reducción de los “infieles” a la vida misional significaba la realización del reino de Dios en la tierra, lo que llevaría al clímax la máxima  de Loyola: a la mayor gloria de Dios. En un mundo hostil, lleno de desafíos, y en un territorio difícil en todos los campos, pasar la “prueba” aquí demostraba sin lugar a dudas que contaban con el apoyo divino, porque de no ser por ello, habrían fracasado, como todos los demás expedicionarios. Estos indígenas, los californios, vivían en un estado de perfección, en cuanto a la corrupción humana. Gracias a su casi total aislamiento e incultura, no habían asimilado las costumbres y prácticas de otras naciones americanas, como los mexicas, quienes estaban completamente dominados por el demonio. Si bien tenían un defecto: su completa ignorancia de los preceptos divinos los tenía por completo a merced del demonio, por lo que había que salvarlos, enseñándoles la doctrina. A los ojos jesuitas el indígena no dejaba de ser un niño al que se debía cuidar y educar. Sin embargo, “el odio infernal del demonio, principalmente se muestra y declara contra las iglesias donde la palabra de Dios se predica y se deshacen los embustes y marañas con que trae engañadas a estas gentes”,[11] por lo que el inevitable choque cultural y el posterior conflicto fueron inevitables.

La mayoría de las fuentes documentales –muchas de ellas provenientes de la misma orden- destacan la adaptabilidad como una característica propia de la Compañía, la cual resulta esencial para comprender el éxito que tuvieron sus proyectos misionales. A diferencia de otras órdenes, que hacían lo imposible por imponer sus normas conductuales en sus neófitos y no permitían muestras de debilidad o reincidencia en los ya convertidos, ellos se adaptaron a los patrones culturales de los pueblos que estaban a su cargo. Así, muchos de ellos no tuvieron inconveniente en adoptar algunas costumbres o prácticas del lugar en el que estaban, lo que contribuyó a una mayor aceptación de su presencia.[12]

Si bien la resistencia a la evangelización siempre estuvo presente, sobre todo entre la población mayor, que a diferencia de los jóvenes o niños, que eran fácilmente impresionables,[13] los jesuitas lograron una mayor aceptación en la medida en que se mostraban más tolerantes con las costumbres de los nativos, aunque eso no impidió que expresaran severas críticas. Las crónicas de la orden están repletas de testimonios que hacen referencia a sus costumbres “idólatras”, que a menudo les causaban frustración, ante la aparente inutilidad de sus esfuerzos.


“San Joseph del Cabo llamado también centro de San José,
a pie de san Lucas en California…”, Ignaz Tirsch,
Codex Pictoricus Mexicanus
. http://digit.nkp.cz.

Las principales fuentes para el análisis de los procesos evangelizadores y culturales en Baja California son las crónicas escritas por viajeros y misioneros, que plasmaron en ellos sus impresiones de lo vivido durante su periodo misional o algunos más, como Francisco Javier Clavijero, que nunca estuvieron en la península, recuperaron los testimonios existentes y presentaron su propia interpretación de lo vivido en las misiones[14] que, aunque representan un valioso testimonio de la vida cotidiana de los californios en la época del contacto, tienen una gran limitante, y es que la mayoría de estas crónicas fueron realizadas a fines del siglo XVIII, tras la publicación de la Pragmática Sanción, decreto de expulsión que desterró a todos los jesuitas de los terri torios español y portugués. Estos testimonios fueron recopilados en el exilio, con la doble intención de recuperar las memorias de los misioneros que estuvieron en el lugar, lo que exaltaba su labor misional y al mismo tiempo les permitió justificar su presencia en aquellas tierras, defenderse de las acusaciones realizadas contra la orden, relacionadas al acaparamiento de riquezas, la explotación de los indios bajo su cuidado, y en el caso de California, de controlar el acceso a los potenciales explotadores de los yacimientos perlíferos con el fin de beneficiarse de su usufructo, pretextando el cuidado de los indios de la influencia de extranjeros, que sólo los distraerían de sus labores dentro de la misión:

[…] falsos rumores esparcidos maliciosamente contra los jesuitas por sus enemigos, que no podían sufrir que un jesuita hubiera llevado al cabo aquella empresa que habían intentado en vano muchos hombres valerosos a tanta costa y con tan grande aparato de navíos, armas y gente; ni podían comprender cómo un hombre bien nacido, dotado de talento y adornado de conocimientos, quisiera espontáneamente privarse la compañía de sus caros hermanos, y de las comodidades y honores que podía disfrutar en su colegio, por ir a países remotos e incultos y llevar una vida congojosa entre los salvajes, sino animado de segura esperanza de enriquecer. Como el hombre animal, según dice san Pablo, no entiende las cosas del espíritu de Dios, no puede tampoco imaginarse que haya alguno capaz de sacrificar a la sola gloria divina todas las comodidades de la vida y todos los bienes del mundo. La California se había hecho famosa por la abundancia de sus perlas, cuya pesca había enriquecido no pocos; y aunque a todos era notorio el poco aprecio que los misioneros hacían de esta pesca, que no hacían por su cuenta ni permitían a los colonos sus dependientes […] los que no habrían tenido valor  para envidiar los trabajos, penalidades y peligros de los misioneros, envidiaban el capital de la misión.[15]

Tomar en cuenta estos precedentes reviste suma importancia al adentrarse en el estudio de esta problemática, toda vez que el contexto histórico en que se escribieron resulta un factor determinante en las líneas discursivas.

Conquistar con las palabras. La originalidad del método jesuita

Ya hemos mencionado antes sobre los repetidos y fracasados intentos de conquistar California por parte de exploradores europeos, la mayoría españoles, quienes a pesar de sus esfuerzos no lograban establecerse en este territorio. Aunque de manera muy precaria y atravesando graves dificultades que ponían constantemente su subsistencia en peligro, los asentamientos jesuitas lograron mantenerse durante casi cien años. La estrategia ideada por Salvatierra pudo resolver la mayor parte de los problemas a los que se enfrentaban los anteriores intentos, teniendo a las misiones de la contracosta -Sinaloa y Sonora- como principales apoyos.

La estrategia misional jesuita pretendía una total dependencia indígena a la misión. Para ello la cuestión alimentaria resultó esencial, toda vez que una de las estrategias usadas por los misioneros era la de atraer a los indígenas obsequiándoles una ración de comida.[16] Si bien el principal modo de subsistencia de los californios antes del establecimiento de las misiones dependía totalmente de la recolección, poco a poco los bastimentos obtenidos en la misión se hicieron indispensables. Y ya que la recepción del alimento era condicionada a la de la doctrina, el trabajo y la recepción de los sacramentos, esto resultó un método por demás efectivo, dado que obligó a los indígenas a integrarse al modo de vida de la misión. Hay que aclarar que los recursos siempre fueron limitados, y no es probable que hayan logrado siquiera saciar su hambre de manera aceptable, aún así, su dependencia en cuestión alimentaria es indudable.

El uso del idioma español era exclusivo de los misioneros y soldados que custodiaban la misión, lo que significó una eficaz forma de dominio, ya que hacía a los indios totalmente dependientes de los misioneros para todo tipo de cuestiones que implicaban un acercamiento a las autoridades civiles y militares.[17] De esta forma, lograron un completo aislamiento y los hizo sumamente vulnerables ante los habitantes que arribaron a la península tras el extrañamiento de los jesuitas. No sólo el sistema de la misión, sino la concepción cristiana prohibía prácticas comunes entre los californios, como la poligamia, que por obvias razones fue prohibida. Todos estas cuestiones motivaron la rebelión de 1734, el intento más significativo de la historia misional por quitarse el yugo jesuita, que finalmente fue extinguida, junto con casi toda la población.

Mas llegó el año de 1734 (después de treinta y siete de haber entrado, haberse extendido y haber triunfado la fe en las Islas Californias) en que quiso Dios, para prueba de sus escogidos, castigo de los obstinados, ejercicio de los ministros evangélicos, desatar al demonio o darle tanta cadena que lo pareciese […] Mas todo lo permitió Dios para avivar más la fe, para aumentar más la esperanza, para ser más admirable su asistencia y para que se sintiera, viera y tocara su inmenso e infinito poder, y con esto el sumo cuidado, la singularísima atención, el especialísimo cariño con que mira por sus ministros evangélicos.[18]

Enfrentamientos culturales

El resultado de los primeros acercamientos entre indígenas y misioneros fue el inevitable conflicto. Apenas habían arribado a la costa californiana cuando los indios atacaron el campamento, lo que en su informe a la Audiencia de Guadalajara en 1702, Francisco María Piccolo atribuyó a la influencia maligna:

El demonio […] hizo todos sus esfuerzos para dar al través con nuestra empresa, e impedir el buen suceso. Los pueblos a cuyas costas arribamos, no pudiendo ser informados del fin que nos llevaba, de sacarlos de las profundas tinieblas en que yacen sepultados, y de trabajar en su salvación eterna, porque no entendía nuestra lengua, ni había siquiera uno entre nosotros que entendiese la suya; imaginaron que íbamos a su tierra a despojarlos de la pesca de las perlas, como en tiempos antecedentes habían otros pretendido.[19]

A pesar de su anhelo por evangelizar estos territorios, imperaba en Salvatierra y los primeros misioneros el imaginario occidental de la época que concebía a los indígenas americanos como “bárbaros” y “enemigos de nuestra santa fe”, lo que muestra que para los evangelizadores, el indio era, en el mejor de los casos, semejante a un niño, cuando no algo muy inferior, comparable con una bestia. A pesar de que todos los jesuitas que pasaron a California poseían un nivel educativo considerable, la gran mayoría aún conservaba la concepción medieval del nativo americano como un salvaje, incapaz de razonar por sí mismo, “indios sin ley, ni rey, ni asiento, sino que andan a manadas como fieras y salvajes”[20]

El reino de Dios en California


La evangelización americana en general tuvo como objetivo convertir a los indios a la fe católica, toda vez que se consideraba indispensable para la salvación de las almas. Los jesuitas, en su papel de evangelizadores de las remotas regiones fronterizas de la Nueva España –California y la Pimería en Sonora y las misiones del Paraguay en el sur del continente- sentían que el apoyo divino se hacía evidente en la medida en que sus reducciones tenían éxito. No importaban los padecimientos, las fatigas o los peligros a los que debían enfrentarse, partir a las misiones de indias significaba la forma ideal de mostrar su fe. Esto justificaba además su presencia en aquellas lejanas tierras. Más allá de esconder sus fines de dominación de recursos esta visión providencialista de la misión justificó el proyecto de una nueva organización social capitaneada por la orden, que era el sueño de las otras órdenes: formar en un punto alejado de la sociedad un mundo nuevo, en el cual instaurar los preceptos y prácticas de la primitiva religión cristiana.

La prosperidad de las misiones era garantía del apoyo divino en esta empresa, por lo que la instauración de la ciudad de Dios en la tierra no era sino una prueba más. En el caso de California, el hecho de triunfar donde otros habían fracasado, era una prueba más que fehaciente del apoyo divino. Los indígenas, sometidos a la do minación del demonio debían ser protegidos, de ahí la importancia de mantenerlos aislados de la corrupción proveniente del exterior.

Los californios, al ver invadidos sus territorios y a sí mismos obligados a adoptar pautas de comportamiento distintas a las que le eran habituales, respondieron al llamado de la supervivencia y trataron de resistir los intentos de los extranjeros, siendo la resistencia bélica la forma más socorrida. Los enfrentamientos armados ocurrieron desde los primeros días de presencia jesuita en la península, como lo relató Salvatierra:

[…] después de haber puesto el pie de paz entre estos bárbaros; después, entrando en ellos la codicia de nuestros bastimentos, trataron de acabar con nuestras vidas y destruirnos. Fuimos asaltados en un tiempo de cuatro naciones por cuatro lados de nuestra trinchera, y peleando desde mediodía hasta ponerse el sol, finalmente, con el favor de María, quedaron vencedores estos pobres conquistadores.[21]

Estos ataques, y otros que se sucedieron hasta la rebelión de 1734, más que meros enfrentamientos por los víveres de los extranjeros muestran ser intentos por expulsar al enemigo de su territorio, y conservar sus modos de vida tradicionales. Otras formas de resistencia se hicieron manifiestas por parte principalmente de los ancianos y “hechiceros”, que resistieron, más que los jóvenes o niños la injerencia misional. La dominación de los grupos seminómadas del noroeste mexicano se vio permeado por las características de su modo de vida: eran evasivos y difíciles de someter a un sistema que les imponía permanecer en el mismo sitio. Como arma, el miedo resultó ser efectivo, por lo que no perdían oportunidad de mostrar el poderío de las armas de fuego y hacer alusiones a los horrores del infierno u otros castigos.[22] Lamentablemente, las fuentes documentales sólo permiten un acercamiento parcial a los procesos de recepción por parte de los indios, toda vez que no poseemos testimonios directos.

Más tarde, sus esfuerzos por ser tomados en cuenta en la vida cotidiana de las misiones, que paulatinamente se habían extendido por la península, producían mayores conflictos, toda vez que, aunque no se les permitía seguir reproduciendo su vida y creencias anteriores, tampoco podían integrarse a las nuevas poblaciones.

Reflexiones finales

El proceso de conquista de la península de California, como en otros sitios del Nuevo Mundo generó una serie de conflictos y sinsabores entre las partes implicadas, toda vez que en el estira y afloja se vieron implicados sus referentes culturales e identitarios, siendo los subordinados los principales afectados. El conflicto generado en California terminó por extinguir totalmente a la población indígena, que paulatinamente perdió aquellas características que le otorgaron originalidad. La creación de la ciudad divina se vio frustrada al hacerse manifiesto de que ese reino perfecto imaginado por los primeros misioneros no era tal.

Fuente: Pacarina del Sur –

 

http://www.eluniversal.com.mx/notas/641763.html
http://www.jornada.unam.mx/2009/11/24/index.php?section=opinion&article=015a1pol

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JUAN BAILADOR
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LA PAZ BCS

ARTESANIAS LITICAS DE SUDCALIFORNIA
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ARTESANO CASIMIRO GARDEA OROZCO La cultura de los pueblos que habitaron la península siempre ha causado un gran interés para los antropólogos y arqueólogos, también ha despertado el interés de la sociedad  que busca conocer y comprender el cómo vivían y concebían su espacio geográfico. Gracias a los escritos de los misioneros Jesuitas y Dominicos principalmente, nos ha llegado información acerca de su modo de vestir, alimentación y algunas de sus costumbres, aunque hay que señalar siempre con el sesgo característico de una cultura totalmente diferente. Fue en los últimos dos siglos (1800-2000) principalmente, cuando los investigaciones y reflexiones acerca de las culturas indígenas que habitaron la península dieron como resultado un mayor interés de la población por conocer y comprender de una manera más objetiva, estas culturas que lograron con el paso de los siglos adaptarse a un medio hostil. Esta fascinación despertada ante el hallazgo de algunas puntas de flecha en 1977 en sus paseos por las cercanías de la ciudad de La Paz, especialmente durante sus caminatas por la playa El Conchalito, hace ya más de 35 años motivo en Casimiro Gardea Orozco, nacido en la Cd. de Chihuahua, Chih. Y avecindado en esta ciudad desde 1975, siendo sobreviviente del Ciclón Liza en 1976, por esta causa estando el internado en La ciudad de Los Niños y Niñas de La Paz y siendo aprendiz de Diseñador Gráfico en la imprenta, adquirió la costumbre de salir desde temprano los domingos a caminar por la playa . . .  durante estos paseos fue que encontró sus dos primeras puntas de flecha completas de un  tamaño aproximado a 4 pulgadas de largo en perfecto estado, siendo que él no conocía este tipo de herramientas, únicamente en el museo y en los libros,  dichas puntas se las mostro a una de las personas encargadas del internado que en unos de sus viajes a Italia las llevo quedando estas en las manos de una persona que trabajaba en uno de los museos de aquel país, de las cuales no volvió a saber de ellas, a cambio esta persona a su regreso le obsequio un cuchillo tallado de marfil que trajo de áfrica, a partir de ese entonces nació en el la costumbre de cada vez que salía a caminar… buscar y coleccionar piezas líticas, encontrando casi en su totalidad piezas fraccionadas o quebradas y esporádicamente piezas completas, su perseverancia le llevo a juntar más de 40 piezas completas en perfecto estado las cuales dono en el 2012 al Museo de Antropología e Historia de Baja California Sur para su exposición junto con un molar de camello prehistórico que encontró frente al antiguo hotel Gran Baja. Su labor creativa no concluyo con la entrega de esta colección, sino que al darse cuenta de que la mayoría de las puntas de lanza y flecha que se encontraba estaban partidas o quebradas tal vez por el uso que se les dio al ser arrojadas contra sus presas o a la hora de estar haciendo su percutido se le quebró al autor original de las mismas y en base a artículos publicados en libros por investigadores decidió realizar con la técnica de percutido algunas puntas de flecha que después de muchos intentos logro sus primeras replicas (por mencionarlas así pero en su caso son originales, por lo regular ninguna pieza es igual a la otra) durante varios años estuvo guardando estas piezas, no quedando satisfecho con esto empezó a fabricar también hachas, después le nació la inquietud de hacerlas de una manera más completa y comenzó a confeccionar arcos con sus flechas haciendo los amarres con cordel de pesca, pero esto tampoco le satisfacía y comenzó a investigar el tipo de amarres que los indios californios usaban, leyendo el algún libro que ellos hacían lasillos machando las raíz del cardón, choya, ocotillos y magueyes silvestres, tratando de simular esta técnica intento buscar la manera de hacer algo similar a los hallazgos en las excavaciones, incluso uso hoja de palma pero no le parecía bien, hasta que en una charla en internet con un coleccionista argentino este le dijo que en algunas culturas utilizaban la fibra de la hoja del plátano para vendar las heridas y en algunos caso los hilos de las hojas para hacer suturas craneales, que lo intentara de esta manera, así lo hizo logrando lasillos muy parecidos a los utilizados por los antiguos californios, confirmándolo después cuando se le permitió la entrada al laboratorio del Museo de Antropología e Historia de Baja California Sur para observar los lasillos que ahí conservaban de un faldellín pericué hecho con nudillos de carrizo de más de 700 años de antigüedad en cual se le solicito les elaborara con esta técnica para colocar en un maniquí de una mujer pericué  junto con un pectoral de concha de madreperla para su compañero. Ya logrado este paso comenzó confeccionar arcos completos con su flechas haciendo sus amarres con esta fibra de plátano poniendo mango a las hachas haciendo los amarres con esta fibra, logrando de esta manera piezas que envidiaría cualquier coleccionista de armas antiguas y así consiguió hacer su primera pequeña exposición durante el mes de mayo al mes de agosto de 2013 en Centro de Artes Tradiciones y Culturas Populares de Baja California sur. Casimiro Gardea Orozco presento esta serie de objetos con la finalidad de que las personas obtengan una imagen de cómo eran utilizados y la importancia que tenían para las culturas de los indígenas californios dedicados principalmente a la caza y recolección de frutos y semillas. Además esta piezas son concebidas por el autor como una artesanía diferente tal vez, pero no menos importante al ser hechos con enorme destreza y habilidad.. Reconocemos la constante labor de este artesano que nos ofrece una interesante visión de la cultura de los antiguos californios, esperando que hayan disfrutado de esta muestra del talento y creativad de este Sudcaliforniano por adopción.
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frente a entrada lateral Tienda Sears – Callejon de los Artesanos.

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LA PAZ, BAJA CALIFORNIA SUR, EL CIELO EN LA TIERRA

Imagine un bello lugar lleno de contrastes en sus paisajes. Un desierto decorado naturalmente con cactáceas y hermosas playas que separan la tierra del mar con un sesgo de color que impacta la pupila, creando un panorama de postal.

La Paz by Air

La Bahía de La Paz es reconocida por la tranquilidad de sus aguas, la espectacularidad de sus atardeceres y la amplia gama de tonos turquesa que se difuminan en sus playas. La ciudad se caracteriza por la quietud y calma con que se vive, un lugar que hace gala de su nombre, “La Paz”, y que se ha convertido a nivel mundial en un reconocido destino para el descanso y el retiro. La hospitalidad y calidez de su gente, hacen de este puerto un lugar confortable y apacible.

islas

Por ser el estado con más territorio costero del país, (2, 230 kilómetros de litorales) las actividades relacionadas con el mar, como la pesca deportiva, el buceo, kayak y snorquel, junto con otros deportes acuáticos, son predominantes y grandes atractivos de la zona cactus La riqueza histórica y cultural con la que cuenta esta ciudad son elementos que multiplican enormemente los motivos para visitarla; el Malecón, donde arribó Hernán Cortés en 1535, es uno de los lugares preferidos de turistas y locales, presentando la bahía como un majestuoso y armonioso escenario rodeado de diversión, restaurantes, bellos paisajes y confort. Copa HISTORIA DE LA PAZ La Paz es la capital de Baja California Sur la cual se encuentra protegida por una bahía de enormes dimensiones y una pequeña ensenada, rodeada de hermosas playas de arenas blancas. La península de Baja California estuvo habitada desde hace mas de 12,000 años, pero se sabe poco de estos primeros pobladores, puesto que de ellos sólo se conocen las pinturas rupestres que han quedado como testimonio de su existencia.

playas

En el siglo XVI habitaban la península algunas tribus semi nómadas de pescadores recolectores, como la Cochimi, la Guaycura y la Pericu. Hernán Cortés, animado por los relatos fantásticos como aquel de Las Sergas de Esplandián, organizó el primer viaje a estas tierras en 1533. Él mismo dirigió la segunda expedición, llegando a la bahía el 3 de mayo de 1535, bautizándola con el nombre de Bahía de la Santa Cruz, pero abandonando el campamento dos años después principalmente por la aridez del suelo que no permitía ningún cultivo. Finalmente, en 1596, Sebastián Vizcaíno desembarca en la bahía, a la que rebautiza con el nombre de La Paz y establece un campamento definitivo. Los españoles se dieron cuenta rápidamente de la riqueza perlera de este lugar, explotándolo hasta casi acabar con la producción natural. En 1720 se funda la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz Airapí y en 1974 el territorio se constituye definitivamente como Estado.

la paz

Las playas El mayor atractivo de La Paz está en sus playas. Para tomar el sol las ideales son las que se localizan sobre la carretera a Pichilingue.

Baja 1000
tiburón ballena

Sin duda “El Coromuel” es una de las playas mas cercanas a la ciudad de La Paz, en la cual podrá contar con todos los servicios necesarios para disfrutar todo el día. “El Coromuel” está localizado en el km 4 de la Carretera Transpeninsular justo a un costado del camino.

Baja California Sur

Otra famosa playa -y sin duda una de las más hermosas- es la playa “El Tesoro.” Esta playa se encuentra sobre la carretera transpeninsular, un kilómetro antes de llegar al Puerto de Pichilingue. Esta playa mantiene un nivel de agua muy bajo. Y un oleaje calmado.

windsurf & kitesurf
carrera de off road

Pichilingue es el nombre del Centro Portuario de La Paz, y con el mismo nombre se encuentra una de las playas más visitadas. En ella puede disfrutar de la deliciosa gastronomía en un restaurante de mariscos, mientras los más pequeños de la familia juegan en el océano y todos disfrutan de las hermosas vistas de los atardeceres. También playa, “Balandra” y “El Tecolote” son de las más visitadas. “Balandra” cuenta con la famosa Copa de Balandra, una de las más impresionantes creaciones de la naturaleza. Este es un excelente punto para disfrutar de la naturaleza y la tranquilidad. La playa “El Tecolote” es sin duda alguna la playa mas visitada por bañistas y amantes de todas las actividades acuáticas. Aquí se cuenta con todos los servicios de entretenimiento y recreación.

La Paz - Baja California Sur – México
Copa

Isla Espíritu Santo Se localiza a tan sólo 25 km de la ciudad de La Paz en línea recta. Está formado por dos islas mayores, Espíritu Santo que da nombre al conjunto y La Partida, casi cinco veces menor que la primera. Tres islotes se encuentran frente al lado occidental de la isla mayor: La Ballena, El Gallo y La Gallina, además de cuatro promontorios rocosos: Los Islotes. La isla Espíritu Santo es la más cercana a la bahía de La Paz y la más hermosa de todas las islas del Mar de Cortés. Sus grandes contrastes entre el color rojizo de su piedra caliza, el azul turquesa de su mar y sus hermosos atardeceres, es un escenario admirable. Este complejo es visitado por un número creciente de turistas debido a la belleza de sus paisajes y el carácter único de sus asociaciones biológicas. Los turistas llegan a Espíritu Santo atraídos principalmente por sus valores de conservación y por la oportunidad de disfrutar de la naturaleza en condiciones de mínimo impacto humano. La Paz se puede disfrutar de muchas maneras, y una de ellas es a través de su gastronomía. Si su destino es el sabor, tiene que probar una deliciosa almeja rellena, unos tacos de pescado o camarón rebosado, o el famoso marlín ahumado. Es fácil encontrar desde la mañana hasta después de medio día lugares para comer pescados y mariscos frescos con el sazón paceño. Por la tarde y para la cena, La Paz ofrece variedad internacional de cocinas: china, japonesa, coreana, italiana, argentina, francesa o los clásicos tacos de carne asada de excelente calidad, que se acompañan de cebolla morada, guacamole, chiles güeritos, pepinos y gran variedad de salsas. Como parte del tour gastronómico, le recomendamos tomar una copita de licor de damiana, bebida típica de fabricación local, o una rica nieve o agua de pitahaya o naranjita. EL CLIMA EN LA PAZ En las zonas bajas el clima es desértico. Seco y muy caluroso en verano, con temperaturas máximas por arriba de los 40º C; por las tardes, sin embargo, sopla el Coromuel, un viento suave y fresco proveniente del mar. El invierno es templado y trae vientos fríos, con temperaturas mínimas de 10º C, mientras que en la zona de la Sierra de la Laguna, las temperaturas llegan a los 0º C durante esta época.

cactus
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Baja 1000

Las actividades que se promueven en la zona están íntimamente ligadas con el disfrute y la preservación del ecosistema. Dentro de las actividades imprescindibles de realizar están: • Surfing y práctica de kayak • Buceo deportivo • Bicicleta de Montaña • Snorkeling • Golf • Windsurf & Kitesurf • Pesca deportiva

tiburón ballena
Baja California Sur
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La Paz - Baja California Sur – México
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EVENTOS ESPECIALES Mayo Fiestas de Fundación de La Paz Encontrarás excelentes presentaciones de artistas y muchas actividades culturales. Es la mejor oportunidad de conocer la cálida gente, así como a su hermosa bahía en un ambiente de fiesta. Octubre Festival de Cine Fantástico y de Terror Morbido Fest, La Paz Por primera vez en La Paz un festival de cine dedicado 100% al género fantástico y de terror. El Festival Internacional de Cine, Morbido Fest representa un espacio de intercambio cultural donde se dan encuentro disciplinas como la danza, el teatro y por su puesto el cine. Junio: Torneo de pesca “Copa Dorado” Julio: Torneo de pesca internacional Bahía de la paz Septiembre: Nauticopa “La Paz” Noviembre: Carrera de Off Road Baja 1000

islas

La Paz by Air

Unas vacaciones en La Paz, en el estado de Baja California Sur, nos acerca a algunas de las playas más preciosas de México. Con mucha arena, sol y mar, las playas de esta parte de nuestro país nos aguardan, para ofrecernos una estupenda experiencia. Hay que descubrir cuáles son las playas que nadie puede dejar de visitar, en unas futuras vacaciones a La Paz.

Playas de la Paz en Baja California Sur

Balandra es nuestra primera recomendación. Se trata de un auténtico ícono de la ciudad de La Paz. Se encuentra cerca de la ciudad, pero lo suficientemente alejada del ajetreo citadino. Esta playa tiene además, una célebre roca con forma de hongo, la cual es conocida por los lugareños como Hongo o Piedra de Balandra.

Luego tenemos El Tecolote. Es un espacio perfecto para la práctica de los deportes acuáticos. Se encuentra a 26 kilómetros de La Paz y tiene numerosas zonas comerciales donde pueden contratarse paseos, comer en restaurantes de excelente nivel y visitar pequeños comercios en donde hallar numerosos productos.

Parque Acuático El Coromuel, es nuestra siguiente recomendación, para cuando se visiten las mejores playas de La Paz, en Baja California Sur. El Coromuel ha sido transformada en un divertido parque acuático, con numerosos toboganes, restaurantes, muelles y una vasta gama de servicios.

Nuestra recomendación final es La Ventana. Se localiza a solo 35 minutos de La Paz y tiene una vasta oferta de deportes náuticos, como por ejemplo, el kayak, el buceo, la pesca y el surf. La Ventana se proyecta como una de las playas predilectas de los visitantes extranjeros que recorren la zona.

La ciudad de La Paz se caracteriza por ser mayormente desértica y con una baja cantidad de precipitaciones anuales, desde sus comienzos ha pasado por diferentes problemas vinculados al abastecimiento de agua para la población. Este tipo de problema ha mejorado, levemente, por la llegada de un importante desarrollo turístico de la zona, cuando se establecieron hoteles de categoría que crearon importantes plantas para el tratamiento de aguas residuales y plantas desalinizadoras, que le brindan al lugar agua potable.

El lugar cuenta con una prehistoria muy especial, en el año 1833 se realizó en la zona una investigación al mando de Hernand Federic Carel, encontrando huesos de humanos en la isla. Se estima que estas personas eran usadas como mano de obra para la explotación de los yacimientos perleros del lugar. Estos indígenas, con el paso de los años se rebelaron, y fueron expulsados del lugar.
En la actualidad toda la zona es reconocida como un importante ecosistema de gran valor biológico y económico, con una única belleza natural. Las áreas marinas adyacentes colaboran para que el número de visitantes crezca continuamente.
En las proximidades de la bahía de La Paz se ubican las islas Espíritu Santo y Partida. Entre ambas forman parte de un interesante complejo turístico con una superficie cercana a los 100 kilómetros cuadrados. En el año 1978 ha sido declarada como área natural y protegida.
Quizás ya escuchaste hablar del lugar, cuando el oceanógrafo francés Jacques Cousteau lo llamaba ‘El Acuario del Mundo’. Sin lugar a dudas tiene una de las mayores reservas de biosfera más grandes, con más de mil especies vegetales y animales, algunas de las cuales ya tiene protección oficial.

LAS BALLENAS DE SUDCALIFORNIA

LOS PAISAJES DE BAJA CALIFORNIA SUR

La Paz (Baja California Sur)

La Paz es una ciudad de México, capital del estado de Baja California Sur y a su vez cabecera del municipio de La Paz, se localiza al sur de la Península de Baja California. Según el Censo Nacional de Población y Vivienda 2010, efectuado por el INEGI, la población total de la ciudad de La Paz es de 251.871 habitantes, de los cuales 126,397 son hombres y 125,474 son mujeres.

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