El proyecto de evangelización de la antigua california

¿Cómo podían convencer los cronistas a los benefactores o a las autoridades de las verdaderas intenciones de los misioneros? La única forma que encontraron fue mostrar las terribles condiciones materiales que prevalecían en las misiones. Los cronistas representaron a California como árida, desértica, de escasa vegetación. Desde luego estas condiciones no eran falsas, pero es evidente que las condiciones obje tivas de la naturaleza peninsular fueron usadas como estrategia retórica por los cronistas jesuitas.

Los relatos misionales de California revelan de manera constante la miseria y el aislamiento, las penurias y los mil peligros que enfrentaba a diario los misioneros. Las descripciones de los jesuitas buscaban borrar las antiguas impresiones de los viajeros y exploradores que divulgaron errores sobre la verdadera California. Miguel Venegas cuestiona abiertamente el relato del carmelita Antonio de la Ascensión, argumentando que su testimonio se levantaba sobre la base de afirmaciones hechas por testigos de vista y de oídas que no eran confiables.
El cronista también cuestiona las relaciones de los viajeros civiles que especulaban con las enormes riquezas de las tierras californianas:
Para esto se representaba a los señores virreyes, y estos a su Majestad, que la tierra de Californias, era tierra de conveniencias así para su majestad, como para sus vasallos: y que transportando alla algunas familias de españoles pobres, que poblasen la tierra, se haria con el tiempo un reyno riquísimo, y floridissimo. Bien se hecha de ver, que miraban desde lexos la tierra, lo que así discurrian sobre ella, y liberalmente repartían entre los nuevos pobladores ricas posesiones, para fundar ciudades, labrar casas, formar haziendas, y sustentarse de sus cosechas. Que era lo mismo, que repartirles posesión de guijarros, y de piedras, de sierras, y montes, de peñascos, barrancas y precipicios: y todo sin tierras en que sembrar, sin agua, conque regar, sin valles, y campos, en que poblar, y formar haziendas.
Para Venegas todo lo dicho anteriormente sobre el espacio californiano eran simples sueños producidos por la codicia de los conquistadores. La experiencia de los misioneros indicaba todo lo contrario: ‘’es tierra desierta la California, por la mayor parte: porque la esterilidad de sus frutos la hazen inhabitable.
Es tierra invia, o sin camino: porque sus infinitos pedregales, sierras y barrancas no permiten fácil camino de sus moradores para el comercio. Es finalmente tierra in aquosa, o sin agua: porque es summa la escazes de arroyos y aguajes, que se hallan como ya diremos.‘’

Según Venegas, es tal el grado de pobreza que incluso las bestias hambrientas, ‘’después de haver despuntado las ramas de los árboles, y comido sus cerezas, han llegado tambien a comerse el estiércol, a tanto ha llegado su necesidad y tanta la esterilidad de aquellos paises [California] por falta de agua, y de tierra.’’
La única riqueza que había en esas áridas regiones eran las perlas, pero se ubicaban en una zona lejana a las misiones.
En esta parte del mundo la subsistencia era difícil: apenas existe tierra cultivable –dice Taraval– pues en las islas Californias sólo existen montes y precipicios, lo que dificulta conseguir cosechas abundantes.
Ningún cronista de la antigua California logró mostrar las dificultades que enfrentaron los misioneros como el alsaciano Juan Jacobo Baegert.  Por esta razón algunos estudiosos afirman que la obra del padre Baegert se caracteriza por un extraño pesimismo o por un gran realismo. Pero este ‘’realismo’’ no es distinto al que manifestaron el resto de sus compañeros, lo que hace notable las descripciones de Baegert es el manejo que tenía del lenguaje, pues utiliza la metáfora, el sarcasmo y la ironía para destacar la miseria de las misiones. A la vista del lector moderno, el texto aparece como realista, o sus juicios pueden parecer tremendamente negativos. Sin embargo, tal lectura pasa por alto la intención apologética del cronista. Él quiere evidenciar el sufrimiento que significa vivir en un mediohostil, aislado, rodeado de bárbaros, sin poder hablar con seres racionales. Según el cronista cualquier acusación hacia los jesuitas es un absurda, en California no existían posibilidades de comercio:

Hace algunos años que se acusó a las misiones de California, de cierto comercio con Inglaterra. Pero California no posee más que piedras rodadas y rocas inútiles, ni produce otra cosa que espinas. Si los ingles es quisieran aceptarlas e importar por vía de trueque, otras mercancías a California, sobre todo madera y sombra, lluvia y ríos, no cabe dudan que podría establecerse un co mercio extraordinariamente provechoso con la Gran Bretaña; de otra manera no se podrá hacer nada en cuanto a tráfico.
De la flora y fauna tampoco se debe esperar mucho, crecen algunos mezquites, sauces y palmeras silvestres, por lo que la madera para construir es escasa, lo que abunda son las espinas: ‘’parece que la maldición con que Dios fulminó sobre la tierra después del pecado del primer hombre, haya recaído de una manera especial sobre California.’’
La fauna se compone de algunos venados, liebres, conejos, zorras, coyotes y carneros salvajes, lo que sobra son alimañas, sabandijas, serpientes, alacranes, ciempiés y espantosas arañas.
Si en la versión inglesa y francesa de la Noticia de la California aparecen ciudades bulliciosas repletas de comerciantes, se debe al engaño tramado por los editores y traductores: ‘’los que informan en sus libros respecto a las capitales y sedes Arzobispales en California, deberían también de comunicar algo sobre el número de joyeros,
comerciantes en artículos de fantasía y tejedores de terciopelo, sedas o bordados; porque en los lugares como los mencionados, suelen juntarse tales artistas y tales comerciantes oartesanos, y de los habitantes suelen aderezarse también con prendas.‘’
¿En dónde están las maravillosas riquezas extraídas de California? ¿Porqué los jesuitas viven con una mísera pensión real en Italia? Son las preguntas lanzadas por Baegert. A lo largo de texto el cronista menciona una y otra vez la miseria de la tierraimproductiva, desolada, hasta saturar al lector con sus descripciones y su estilo agresivo. El alsaciano pone como testigos a los mismos personajes que participaron en la expulsión de

los padres, afirma por ejemplo irónicamente que cuando llegó el Gobernador Gaspar Portolá a cumplir el real
decreto de expulsión, tuvo mucho tiempo de ‘’convencerse en persona al entrar en esta ti
erra de promisión, que clase de país tan llano, sombreado, abundante en aguas, verde, fértil, poblado y por consiguiente, tan hermoso y noble era su Reino de California.’’
Al final del relato no queda más que la desesperación del cronista, quizá en el fondo sabía que todos sus intentos no lograrían acallar las voces de los enemigos, ni combatir la calumnia que había destruido a la orden. Apela a la experiencia del testigo como garantía de la verdad, ‘’ni yo ni nadie de los que vivi eron en California, nos hemos podido explicar como fue posible que otros hayan podido elogiar tanto esta península y hacer de ella el país más hermoso de la tierra. ¿Soñaron quizá con su patria? Estuvieron bajo el encanto de una visión del paraíso? ¿Tuvieron lentes de aument o ante sus ojos al escribir sus informes?’’
Aunque no menciona las relaciones y los autores que pretende impugnar, quizá al igual que Venegas, quería desmentir la imagen ficticia del espacio californiano proyectada por los testimonios exagerados de Vizcaíno, Ascensión y Torquemada.
Los cronistas posteriores como Barco y Clavijero no hicieron más que reiterar la rudeza del espacio, las dificultades y lo precario de la vida misional y el sacrificio que implicaba vivir en aquellos parajes, pero sin la habilidad del cronista alsaciano. Clavijero menciona que: El aspecto de la California es, generalmente hablando, desagradable y hórrido, y su terreno quebrado, árido, sobre manera pedregoso y arenoso, falto de agua y cubierto de plantas espinosas donde es capaza de producir vegetales, y donde no, de inmensos, montones de piedra y arena. El aire es caliente y seco, y en los dos mares perniciosos de los navegantes, pues cuando se sube a cierta latitud, ocasiona un escorbuto mortal. Los torbellinos que a v eces se forman son tan furiosos, que desarraigan los árboles y arrebatan consigo las cabañas. Las lluvias son tan raras, que si en el año caen dos o tres aguaceros, se tiene por felices los californios.

Al enfatizar el carácter horrible del espacio, la conquista apostólica de California semagnifica; durante dos siglos
nadie pudo establecerse en este espacio y después de la salida de la Compañía ninguna orden religiosa tuvo el celo y la perseverancia necesaria para vivir en los confines del mundo. La orden se presenta a sí misma como una institución cuyos logros en el campo misional no pueden ser superados. Baegert cuestiona al clero secular, pues dice que no puede cumplir con las pesadas cargas de la misión. Según él, un sacerdote secular que acompañó a Gaspar de Portolá en 1767, ‘’quiso regresarse inmediatamente al darse cuenta de que no podría platicar con nadie,ni sobre nada, y que no le quedaría otra cosa por hacer, que sentarse en su ermita y mirar al cielo azul o al mar verde o, de vez en cuando, tañer un poco su guitarra española.’’
Este mismo cronista se muestra particularmente hostil hacia los franciscanos, menciona que éstos fueron engañados por los falsos rumores sobre las riquezas y pronto se apresuraron a invitar a sus amistades para ir con ellos a la península.
Al ver la realidad no tardaron en salir de California, al no encontrar las riquezas prometidas.
También Clavijero muestra su molestia con los sucesores de los ignacianos; ‘’lo que únicamente nos dieron a saber las cartas de México escritas en aquel tiempo, es que apenas los nuevos misioneros vieron con sus propios ojos que la California no era como la ponderaban, cuando abandonaron las misiones y la península y se volvieron a sus conventos, publicando por todas partes que aquel país era inhabitable y que los jesuitas debían agradecerle mucho al rey el que les hubiera sacado de aquélla grande miseria.‘’

La imagen que proyectan los cronistas es la de una institución que sólo busca la evangelización y que tiene entre sus filas hombres comprometidos que no persiguen los placeres de la vida, sino la difusión de la palabra de Cristo.

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