EL ESCULTOR DE HUESOS III

 

Como ahora paso horas tallando, coloco la espalda recta y así después no me duele. Para controlar el pulso, adopto un ritmo de respiración pausado, desde el diafragma, más lento que el habitual. Si quiero conseguir que la fresa, a 10.000 rpm, perfore la pieza por el camino correcto, no puedo pensar, debo dejar pasar mis pensamientos sin atraparlos, solo sentir la resistencia del material mientras lo vacío para que surja la forma. De esta manera, tallar hueso se ha transformado en mi particular forma de meditación y algunos días el tiempo desaparece, me olvido de todo, la concentración se establece sin esfuerzo, inconsciente, natural, puesto que todo mi ego se ha extinguido en la unión del espíritu con el hueso. Creo que durante ese tiempo desaparecido soy, en verdad, el escultor de huesos.

Este es el primero de los vídeos que iré colgando para que los más curiosos puedan ver como tallo las piezas. Tiene el aliciente además, de que podéis oír a mi hermano Marcos cantar el tango “Cuesta abajo” de Carlos Gardel. Si, el mismo Marcos del que hablé en la primera entrada de este blog, el que me dejó planchado en el examen de laúd cuando éramos pequeños. El que me hizo descubrir la importancia de la genética!

Tallar en hueso una cara de mujer. Un momento de paz

Después de varios intentos tengo un nuevo modelo, “Mujer meditando”. Aunque ninguna cara va a salir exactamente igual a las demás, por fin encontré el gesto que quiero, la expresión de un momento de paz.
En el fondo me da igual que sea una mujer meditando o tomando el sol en la playa, solo pretendo hacer un colgante que recuerde algún instante de serenidad. En cambio, el siguiente colgante será un modelo para la lucha: “Loba herida”.
Esta pieza es un encargo de Ángela, que se enamoró del
colgante de Ana (el Nº 01) en la presentación del libro de
poemas “Eróticos Desvaríos” de Meri Pas Blanquer.

Hace tantos años que admiro las cabezas esculpidas por mi abuelo, que desde el momento en que elegí el camino del escultor de huesos sentía la necesidad de tallar una cara de mujer. En casa tenemos una de ellas, un precioso colgante de hueso de ballena engarzado en plata, guardado como oro en paño, que Ana se pone en las ocasiones especiales. Es uno de esos objetos maravillosos, de gran valor (al menos sentimental), que tradicionalmente se pasan de madres a hijas.

Precisamente por el respeto que me producen esos rostros de mujer, que están expuestos en la vitrina del comedor de mi madre, no me atrevía a comenzar mi andadura de escultor, tallando una cabeza femenina. Preferí sumergirme en el mundo celta de mis “tecedallos”.  Pero sabía que para hacer de los huesos una tradición y confirmar mi teoría sobre la herencia genética de mi antepasado, antes o después tendría que enfrentarme al reto de tallar una de esas caras que conozco desde la infancia. Eso si, a mi manera.

Me gusta recorrer esta nueva ruta en solitario y para encontrar un estilo propio revuelvo en el caos de mi memoria, en aquellas cosas que me impactaron en su momento y se quedaron grabadas en mis recuerdos. Elementos de un rompecabezas que ahora cobran sentido y empiezan a encajar.

Este es el punto de partida, una de las cabezas de mujer de la pintora gallega Maruja Mayo.  El Óleo Actriz de 1942.

No es casualidad que el punto de partida para el diseño de mi primera cara fuera un cuadro de Maruja Mallo. En los inicios de TVG realicé, primero un pequeño reportaje, después un documental que me permitieron descubrir su pintura, y desde aquel momento me tiene fascinado. La televisión de Galicia me abrió la posibilidad de profundizar en esta apasionada creadora que que se enfrentó a su tiempo, el convulso principio del siglo XX, con una valentía y determinación extraordinaria. Para mi no es solo una magnífica pintora, sino también un ejemplo, de como un artista puede mirar de frente a la época que le ha tocado vivir.

Desde el principio me fascinó la simple geometría de sus rostros. Óleo Arquitectura Humana de 1937.
Estas son las lineas que tracé a partir del cuadro
Actriz de Maruja Mallo. Aunque al final, mientras
tallaba, decidí cerrarle los ojos.

Me parece vacío (y aburrido) utilizar a Maruja Mallo únicamente como referencia estética. Siguiendo su modelo me propongo esbozar El manifiesto del escultor de huesos, una declaración de intenciones que podría empezar algo así:

No me conformo, no renuncio, no me resigno, no haré entrega voluntaria de mi mismo, rindiéndome a la voluntad de este desastre de época que me ha tocado vivir. No se lo pondré fácil al destino.

Conformarse es aceptar que “esto es lo que hay”. La resignación es dejarse arrastrar por la profunda corriente del destino y el destino, hoy en día, es esta globalización que destruye el planeta. Renunciar a soñar, es la entrega voluntaria de uno mismo como ofrenda al sistema, al mercado, a vete tu a saber que o quién.
Puede sonar pretencioso… Y lo es (voy a tener que repasarlo bastante). Pero si pretendo romper la cáscara impenetrable que hay entre un objeto bonito y otro que puede formar parte de una vida, si quiero rasgar la dura membrana que existe entre lo estético y el deseo. Si intento sustituir con algo nuevo, hecho ahora, uno de aquellos objetos que admiro, o que se guardan en los museos, o que las familias atesoran para que perduren en el tiempo (como nuestro colgante del abuelo) intuyo que necesito un compromiso mayor que el meramente estético, un nuevo convenio me permita avanzar en esta senda desconocida.  Recuerdo los versos de Robert Frost, pero ya ni me acuerdo cuando los leí… Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia.

La primera cara que tallé, fue una sorpresa y creo que la confirmación de que llevo al abuelo Pepe conmigo. Le he cogido cariño y la conservo para mi.
La segunda cara, la más pequeña, de apenas 45 mm. de alto. Sigue manteniendo los rasgos orientales del cuadro de
Maruja Mallo y aun no es el modelo que buscaba, por eso está fuera de serie. Ahora pertenece a mi hermana Paula.
La tercera cara, con los ojos abiertos. Tenía que probar, pero me estaba alejando del modelo que buscaba. Por eso está sin numerar. Ahora pertenece a Julia de la carnicería de Samos, que me surte de los huesos del Camino.
La cuarta cara, volviendo a la paz de la primera mujer meditando, aunque sin tanta carga oriental. Esto es lo que buscaba, ya tengo definido el modelo, le grabo el Nº1 y como todas las primeras piezas de cada modelo, pertenece a Ana.
La quinta cara, la Nº2 de la serie. He conseguido fijar la expresión. Ángela (que encargó una mujer meditando) aun no la ha visto, pero creo que le gustará. Viéndola así, de cerca, me parece que he conseguido darle una inquietante vida interior.

 ARTESANIAS LITICAS DE SUDCALIFORNIA
CASA DEL ARTESANO SUDCALIFORNIANO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s