BAHIA DE LOS ANGELES B.C.S. / SITIO ARQUEOLOGICO

Arqueología
Thomas Bowen, Eric W Ritter y
Julia Bendímez-Patterson
Al enfocarse en las especies animales y vegetales, los esfuerzos para la conservación con frecuencia soslayan el hecho de que los pueblos indígenas
frecuentemente han sido actores importantes en los ecosistemas locales,
interactuando con plantas y animales nativos por largos periodos de tiempo. Los seres humanos han habitado la Baja California por al menos 13,000
años (Laylander 2006) y durante al menos 6000 años la región de Bahía de
los Ángeles (BLA), donde han quedado registradas sus actividades en sitios
arqueológicos. En este capítulo se ha revisado este registro arqueológico, se
han identificado las principales amenazas, y se sugiere un punto de partida
para proteger los recursos culturales de la zona.
Arqueología de Bahía de los Ángeles y Bahía Las Ánimas
Cuando Francisco de Ulloa navegó más allá de BLA en 1539, la región (ver
mapa general, al principio del libro) era habitada por un pueblo de cazadores
y recolectores altamente nómadas conocido como cochimíes. En 1746, el misionero explorador jesuita Fernando Consag bautizó la bahía con su nombre actual y escribió el primer informe acerca de estos indígenas (Venegas 1966).
En 1762, cuando se fundó la Misión de San Francisco de Borja en Adac, 25
km tierra adentro, BLA se convirtió en su puerto de abastecimiento y los
indígenas fueron sometidos al dominio europeo. La misión fue clausurada
en 1818 después de que las epidemias traídas por los europeos acabaron con
la población indígena, y BLA permaneció deshabitada hasta la llegada de la
explotación minera hacia fines del siglo XIX.
Aún durante le época en que estuvo abandonada, la bahía atraía visitantes
ocasionales gracias a dos recursos cruciales: las aguas protegidas de la propia bahía y su manantial permanente de agua dulce conocido como el Aguaje de San Juan. Desde la prehistoria hasta la extinción de los cochimíes, para los indígenas la bahía no sólo ofrecía agua sino también una variedad de recursos alimenticios marinos y costeros, además del acceso a plantas y animales de las tierras interiores. Como resultado de esto, la ahora Reserva de la Biosfera Bahía de los Ángeles y Canales de Ballenas y Salsipuedes cuenta con un rico acervo arqueológico probablemente con miles de sitios.
Historia de la investigación
Las investigaciones arqueológicas en la costa iniciaron desde hace mucho
tiempo (ver Ritter, 2006). En 1887 el coleccionista botánico Edward Palmer
excavó una cueva sepulcral detrás del poblado de BLA, aunque sus restos
no fueron analizados hasta mucho después (Massey y Osborne 1961; Noble
1973a, 1973b; Tyson 1975).
Estudios paleoambientales de los concheros realizados en la década de 1950 por Carl Hubbs produjeron las primeras fechas de carbono radiactivo de la ocupación humana de la región (Hubbset al., 1960, 1962, 1965; Moriarty 1968). En 1965 la arqueóloga Emma Lou Davis (1968) registró durante una semana los sitios arqueológicos costeros, y dos décadas después John Foster (1984) reportó un sitio con posibles conexiones trans-Golfo de California (GC). En las décadas de 1980 y 1990, Ritter (1994,
1995, 1997, 1998; Ritter et al ., 1994, 1995) llevó a cabo amplios estudios
multidisciplinarios sobre Bahía Las Ánimas y BLA mientras que Bendímez-
Patterson et al. (1993) realizaron excavaciones en el conchero hallado en el
Aguaje de San Juan.
Sitios
Se han registrado más de 100 sitios arqueológicos en BLA y Bahía Las Ánimas, la mayoría se puede clasificar en unas cuantas categorías:
Sitios costeros de conchas
Estos sitios, por mucho los más numerosos, contienen un registro largo y
detallado del aprovechamiento antropogénico de recursos faunísticos. Muchos consisten en restos culturales sobre o en las dunas costeras; otros son acumulaciones tierra adentro. Van desde reducidas extensiones superficiales de conchas dispersas hasta verdaderos concheros o conchales —densas acumulaciones de literalmente millones de conchas compactadas, algunos quemados, intercalados con otros restos animales, carbón y artefactos (fig. 1). La extensión superficial de estos sitios varía desde menos de 50 m de diámetro hasta más de 1.5 km de longitud. Aunque se han identificado 51 taxones de conchas, predominan las pequeñas conchas venus (Chione spp.), las cuales en muchos sitios constituyen más del 95% de los restos de conchas.
Figura 1. Bahía de los Ángeles. Conchero El Chiste (UC-BC-18)
viendo hacia el oeste
CONCHERO EL CHISTE
Entre otros restos animales se pueden encontrar restos de tiburones, rayas, peces arrecifales y de fondos arenosos, tortugas marinas, mamíferos
marinos, cangrejos y huesos de aves y mamíferos terrestres en pequeñas cantidades. Usualmente dispersas entre los artefactos se pueden encontrar principalmente lascas de piedra. Las herramientas terminadas incluyen puntas de proyectil y herramientas hechas a base de laminillas de concha. En varios sitios los metates y sus manos indican la importancia de los alimentos vegetales en la dieta. El conjunto de artefactos y restos alimenticios sugieren que estos sitios eran campamentos costeros ocupados periódicamente por grupos familiares, en algunos casos por lapsos de cientos a miles de años.
Corrales de rocas acomodadas y apiladas y claros
Muchos sitios se caracterizan por estructuras circulares u ovales que varían
desde simples claros hasta corrales de rocas apiladas, parcial o completamente cerrados. Se han observado varios cientos de estas estructuras a lo largo de la línea de costa, así como tierra adentro en abanicos aluviales, lomas bajas y, ocasionalmente, en sitios remotos con vistas panorámicas. Algunos se encuentran aislados pero la mayoría de ellos se encuentran en grupos de hasta 62 (fig. 2). La mayoría tienen un diámetro interno entre 1.5 y 4.0 m. Los claros y los corrales frecuentemente están asociados a conchas y artefactos que sugieren que al menos algunos de ellos eran utilizados como dormitorios y para protegerse del viento (Aschmann 1959).
Sitios de manufactura
Frecuentemente llamadas canteras, estas comunes y a veces grandes acumulaciones de restos líticos son localidades donde se extraía la roca y se
manufacturaban herramientas. La mayoría de estas rocas utilizadas para
herramientas, incluían riolita, basalto, cuarzo, y varias rocas silíceas, se en
contraban disponibles en la localidad, aunque, aparentemente la obsidiana
se traía en pequeñas cantidades desde fuentes más distantes (Ritter 2006).
Dado que las herramientas terminadas eran llevadas a otras partes para ser
utilizadas, en estos sitios sólo se encuentran astillas de desecho y herramientas inacabadas que se rompían antes de ser terminadas.
Bahía de los Ángeles, B.C.S.
Sepulturas
Los muertos eran sepultados en áreas residenciales pero también en cementerios aislados. Los tipos de sepulturas incluyen los de esqueletos flexionados o extendidos, entierros secundarios, múltiples y posiblemente crematorios.
El sepulcro más famoso es la cueva excavada por Palmer en 1887, en la que
se encontraron siete esqueletos y numerosos artefactos asociados, muchos
de ellos hechos con materiales efímeros. Entre esos artefactos se encuentran
zarzos, tapetes, cuerdas, silbatos de carrizo, y caperuzas de cabello humano,
estas últimas, importantes piezas de la parafernalia de los shamanes cochimíes. Un fragmento de tela tejida de algodón (Gossipium spp.), de fuera de la península, debe haber sido producto del intercambio con los pobladores del continente, ya sea del resto de México o del suroeste de los Estados Unidos (Massey y Osborne 1961). Además de las sepulturas en cuevas, se han localizado alrededor de 10 tumbas bien escondidas, selladas con rocas (fig.3), y alrededor de 25 sepulturas en fosas inclinadas ( talus pits ). En un caso particular, las fosas inclinadas parecen estar asociadas con más de 40 claros irregulares, veredas especiales y mojoneras espaciadas que sugieren elaborados rituales de sepultura.
Figura 3. Bahía Las Ánimas. Tumba funeraria en el Cerrito de las Calaveras (UC-BC-45). Las figuras delineadas son rocas, el color sólido representa huesos, las “×” representan conchas
1
Otros sitios
Entre los sitios arqueológicos menos comunes encontramos mojoneras
de rocas apiladas, sendas, pinturas rupestres, y cuevas que posiblemente eran utilizadas como almacenes.
Artefactos
La mayoría de los sitios arqueológicos contienen artefactos que pueden clasificarse en varias categorías distintas: Lascas y núcleos (cores) de piedra La mayoría de las herramientas de piedra dentro de la ahora Reserva de la Biósfera eran hechas mediante percusión con instrumentos duros utilizados como martillos, siendo ésta la técnica más rudimentaria para trabajar la piedra. En este proceso, el artesano usa una piedra redondeada como martillo para eliminar capas sucesivas de roca de la cantera transformándola en un “núcleo”. El lascado por percusión produce núcleos menores y grandes cantidades de lascas de desperdicio, lo que explica su presencia en sitios de toda la región. Algunas lascas y núcleos de piedra con aristas afiladas pudieron haber sido usadas como “herramientas momentáneas” brevemente para alguna tarea específica, y posteriormente haber sido descartadas. A menos que esto produjese un daño o desgaste del filo, las herramientas momentáneas no se pueden distinguir de los desperdicios de la manufactura.
Lascas retocadas
Muchas herramientas son tan sólo lascas grandes que eran retocadas eliminando una serie de pequeñas lascas a lo largo del filo, creando por con siguiente un implemento útil para cortar o raspar. Aunque son sencillas, algunas de estas herramientas eran elaboradas cuidadosamente, con filos bien acabados (fig. 4a–b).
Figura 4. Bahía de los Ángeles y Bahía Las Ánimas. Lascas y herramientas de concha de varios sitios. (a, b) lascas retocadas, (c, d) herramientas de núcleos, y (e, f) herramienta de laminillas de concha Dosinia ponderosa, vistas ventral y dorsal.
Bahía de los Ángeles, B.C.S. 2
Tabla 1. Fechas de carbono radiactivo de Bahía de los Ángeles
y Bahía Las Ánimas
Bahía de los Ángeles, B.C.S. 3
1 Rango de calibración altamente incierto debido al desconocido consumo de carbono marino en la dieta.
2 Muestra cuyo origen cultural es incierto.
Herramientas de núcleos y lascas
Algunas herramientas eran elaboradas a partir de núcleos o grandes lascas.
Muchas eran planas en una cara y convexas o abovedadas en la cara opuesta (fig. 4c, d). Al parecer, la forma en sí no era importante; la intención era producir filos útiles para trabajar en tareas específicas, tales como tronchar, cortar, raspar, cepillar y escoplear.
Entre las pocas herramientas de piedra elaboradas de acuerdo con una
forma estandarizada están las bifaces. Estos artefactos relativamente raros
son núcleos o grandes lascas que eran elaborados cuidadosamente en ambas caras para producir un perfil oval con una arista afilada en su alrededor. No existe la certeza acerca de si se trata de implementos no terminados (“preformaciones”) que representan una etapa en la manufactura de herramientas más elaboradas tales como puntas de proyectil, o se trata realmente de implementos terminados, tal vez cuchillos.

Las puntas de proyectil también eran elaboradas en formas predeterminadas. Aunque no son comunes, se conocen varios tipos de éstas (fig. 5). Las más antiguas, relativamente grandes y de forma lanceolada, con dos puntas,espigadas, y con las esquinas mellada, probablemente fueron usadas para sacar punta a las flechas de los atlatl (lanzadores de flechas). Las pequeñas puntas triangulares, frecuentemente melladas o aserradas lateralmente eran usadas para sacar punta a las flechas. Éstas son mucho más comunes y sobrevivieron hasta tiempos históricos.
Herramientas de laminillas de concha
A partir de las grandes conchas de almeja venus Dosinia ponderosa
se elaboraba un tipo distintivo de herramienta (fig. 4e–f). Laminando su borde, se creaba una arista cortante como sierra mellada (Tyree 1998). El uso de este material puede haber sido incentivado por la escasez local de roca criptocristalina de alta calidad para elaborar herramientas.
Figura 5. Bahía de los Ángeles. Puntas para proyectil de varios sitios. (a–d) Tempranas, de forma lanceolada, doble punta, y esquina con puntos mellados; y (e–i) tardías (series Comundú ), triangulares, de lado mellado y de puntos aserrados.
Bahía de los Ángeles, B.C.S. 4
Piedras para moler
Muchos sitios incluyen rocas de playa desgastadas por el agua que se empleaban como implementos para moler alimentos (metates y manos). Algunos metates tienen cavidades hasta de 4 cm de profundidad, los que es una evidencia clara aunque indirecta de la importancia de los alimentos vegetales en la dieta. En todo el período prehistórico, en la mayor parte de Baja California se usaron metates y manos similares que fueron los implementos estándares de los cochimíes para moler semillas en tiempos históricos (del Barco 1770).
Cerámica
Aunque no hay registro histórico de la alfarería indígena cochimí, en varios
sitios de pueden encontrar fragmentos de utensilios de piedra arenisca rojiza
sin decorar. Excepto por algunas posibles piezas usadas para el comercio,
muchas tienen núcleos oscuros y superficies carcomidas que son indicios de
materia vegetal agregada a la arcilla característicos de la cerámica de influencia Europea. Estos fragmentos son casi con certeza de antigüedad histórica y probablemente fueron elaborados ya sea por europeos o por indígenas bajo la guía de los misioneros. En un sitio se han encontrado fragmentos de que se asemejan a la alfarería seri histórica (Comcáac) de Sonora, lo que sugiere contactos a través del Golfo de California (Foster 1984). Sin embargo, mientras que la existencia del contacto seri-cochimí existió casi con certeza, aún es incierta la identificación de estos fragmentos particulares como vestigios seris (Bowen 1976, 2005). Identidad cronológica y cultural
La cronología de la costa peninsular es poco precisa.
Muchos artefactos y estructuras no tienen diagnóstico y son conocidos por su
gran antigüedad a lo largo del oeste de Norteamérica.
Dado que la región estaba ocupada por los cochimíes cuando llegaron los españoles, estos indígenas deben ser responsables de algunos de los

vestigios.
Arqueológicamente, el período de contacto cochimí y sus predecesores
inmediatos son conocidos como la Cultura Comundú (Massey 1966) que
se desarrolló en algún momento entre 500 y 1000 AC, y permaneció hasta
la extinción de los cochimíes.
Cinco muestras con carbono radiactivo, de diferentes localidades entre
BLA y Bahía Las Ánimas, han mostrado edades que caen dentro de este
período (tabla 1).
Dos muestras del conchero del Aguaje de San Juan (LJ-29 y LJ-26, tabla
1) han resultado con edades de carbono radiactivo anteriores, lo que sugiere
que los indígenas empezaron a usar este manantial de agua dulce cuando menos hace 6000 años.
Otro fechado con carbono radiactivo del Aguaje de San Juan de 6040 ± 100 AP, obtenido por Bendímez-Patterson et al. (1993) aporta evidencia adicional de la utilización temprana de ese sitio.
Cualquiera que sea el tiempo de la llegada de los primeros pobladores, la
mayoría de los sitios costeros parecen ser producto de la Cultura Comundú
y, por tanto, tardía (Davis 1968, Ritter et al . 1994, Ritter 1998). Esto genera una interesante interrogante acerca de la congruencia entre los datos arqueológicos y los etnohistóricos. Aunque los enormes depósitos de conchas sugieren una intensa explotación de crustáceos y recursos marinos en los últimos tiempos prehistóricos, las narraciones jesuitas del siglo XVIII están equivocadas respecto a la importancia de estos recursos en la dieta cochimí (Aschmann 1959). Ésta es una discrepancia que obliga a profundizar en la investigación.
Arqueología de la Isla Ángel de la Guarda
En 1765 los indígenas cochimíes dijeron al misionero Jesuita Wenceslaus
Linck que veían fuegos en la Isla Ángel de la Guarda (IAG), lo que inspiró a
Linck a realizar una expedición para investigar si ahí vivían indígenas. Después de explorar “una porción considerable” de la isla y no encontrar indígenas, huellas de éstos ni agua dulce, el buen padre concluyó que la isla estaba deshabitada (Burrus 1967).
El juicio de Linck ha prevalecido por cerca de dos siglos y medio. A pesar de los rumores ocasionales de vestigios de agua y arqueológicos (Bowen
2000), en la comunidad científica prevalece el punto de vista de que en la
IAG probablemente nunca ha habido agua superficial ni ha sido habitada
(e.g. Moran 1983). Ahora sabemos que esto no es cierto. Aún queda por definir si la isla tuvo agua o residentes de manera “permanente”, pero no hay
duda de que en ella han existido fuentes de agua durante periodos largos y de que los indígenas en el pasado hicieron un amplio uso de ella.
Recursos naturales
Con 199 especies de plantas registradas (Rebman et al. 2002), una abundante herpetofauna (Grismer 2002) y recursos del mar, especialmente tortugas y lobos marinos, disponibles como alimento, pocas cosas aparte de la disponibilidad de agua permanente hubieran limitado la ocupación histórica de la isla por los seres humanos. Todas las fuentes de agua que actualmente allí se conocen son tinajas, algunas de ellas previamente reportadas (Arnold 1957, Abbey 1991, Peacock y Moore 1991, C Sylver y L Fuerte com. pers). Durante un vuelo sobre la isla en 2006 después de intensas lluvias, uno de nosotros (Bowen) contó alrededor de 60 tinajas llenas de agua. Un grupo de 17 tinajas registrado en el lugar tres meses después contenía cerca de 16,000 litros de agua, de una capacidad total combinada de aproximadamente 50,000 litros.
Además, el agua disponible hoy en día es un reflejo las áridas condiciones
climáticas actuales; en el pasado pudo haber existido una significativamente
mayor disponibilidad de agua durante períodos más fríos y húmedos.
Historia de la investigación
La Isla Ángel de la Guarda es un gran isla de la que sólo una pequeñísima fracción ha sido explorada arqueológicamente. El trabajo sistemático de
campo hasta 2007 consiste en 50 días de un levantamiento exploratorio de
Bowen. Sin embargo este limitado estudio de campo, sumado a observaciones casuales por personas que no son arqueólogas, muestra que sus antiguos pobladores conocían bien la isla. Se han sido registrado u observado sitios cerca de Puerto Refugio (Bahre y Bourillón 2002, Bowen notas de campo), en el interior al norte (Arnold 1957, mapa), en Cerro Ángel (G y T Gillenwater, C Sylber com pers), alrededor de la Ensenada Los Machos y en la sección media de la isla (Bowen notas de campo), al oeste de Punta Rocosa (Punta Diablo) (Abbey 1991, Peacock y Moore 1991, Bowen notas de campo), probablemente en cuevas marinas elevadas al sur de Punta Rocosa (Ives 1963), alrededor de Punta La Víbora (Bahre y Bourillón 2002, Bowen notas de campo), alrededor de la Ensenada El Paladar (Bowen notas de campo), y en Punta Colorada (Punta Suspiro) (Bowen notas de campo).

Sitios
Los aproximadamente cien sitios registrados en detalle, caen dentro de las
mismas categorías reconocidas en la costa peninsular:
Sitios costeros de conchas
Dos sitios importantes están sobre dunas de la línea de la costa, y uno de ellos se extiende por casi 1 km a lo largo de la playa. En contraste con la península adyacente, ningún sitio tiene más de unas cuantas conchas esparcidas, pero ambos contienen un número sorprendente de artefactos. La mayoría son laminillas líticas de desperdicio pero también hay herramientas de piedra, artefactos de laminillas de concha Dosinia , y piedras de metate bastante usadas. Las conchas, aunque esparcidas, incluyen muchas especies, predominando en un sitio las conchas de almeja Chione. Ambos sitios contienen un número substancial de huesos, algunos quemados, de pescados, tortugas marinas, y especialmente de lobos marinos, lo que indica que la subsistencia se basaba más en la pesca y en la caza marítima que en la captura de crustáceos.
Corrales de rocas apiladas
Estas obras, que se encuentran a lo largo de toda la isla, varían de descampados limitados por rocas hasta corrales parciales o completos de rocas apiladas con hasta cuatro rocas de alto (fig. 6). Sus diámetros interiores son típicamente entre 1 m y 2.5 m, y la altura de los muros ocasionalmente llega a 70 cm. Tales estructuras se encuentran aisladas o agrupadas y algunas con tienen lascas de piedra, conchas, y ocasionalmente herramientas. Algunas de ellas coinciden con las “casas” cochimíes del siglo XVIII descritas por del Barco (c 1770), quien observó que éstas eran tan pequeñas que los indígenas no podían pararse dentro de ellas. Las que se encuentran en colinas altas o en lomas pueden haber tenido otros usos.
Bahía de los Ángeles, B.C.S. 5
Círculos de piedra
Algunos sitios tienen estructuras hechas acomodando rocas individuales en
un patrón circular rudimentario de 1–2 m de diámetro, y con frecuencia abiertas por un lado (fig. 7). No parecen ser albergues, y no se ha encontrado
ninguna con artefactos asociados. Se desconoce su función.
Sitios de manufactura
Se han encontrado sitios especializados en la elaboración de herramientas de piedra ampliamente distribuidos. Muchos son canteras en donde aflora roca apropiada para la manufactura de herramientas. Los materiales preferidos fueron la riolita café o rosa, la andesita gris oscuro o basalto, el cuarzo cristalino y la cuarcita. La obsidiana es rara, y no se han encontrados afloramientos de ésta con la calidad necesaria para las herramientas. Algunas veces se pueden encontrar unos cuantos miles de lascas de desperdicio.
Figura 7. Isla Ángel de la Guarda. Círculo de piedra, abierto hacia el noroeste, cerca de Ensenada Los Machos. Es un óvalo de 1.05m por .95m. La foto mira al este
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Sitios de mojoneras
Las mojoneras de rocas apiladas son las estructuras más conspicuas y
numerosas de la isla. Van desde una simple roca colocada sobre una gran
roca hasta pilas de rocas de 2 m de diámetro y 1 m de altura. Algunas
están compuestas de más de 40 rocas grandes. La mayoría están en grupos y algunos sitios están ordenados en líneas largas que pueden incluir
varios cientos de estructuras. Están generalmente situados en mesetas
altas y colinas, y fueron colocados cuidadosamente para aparecer sobre el
horizonte a quien los mire desde el valle inferior (fig. 8). Están por toda la
isla, pero son especialmente numerosos cerca de Punta La Víbora donde
se han contado más de 2500. Ninguna está asociada con artefactos. Se
desconoce su función, pero podría estar relacionada con alguna práctica
religiosa cochimí del siglo XVIII en la cual los chamanes requerían a los
penitentes erigir “a ciertas distancias algunos montones de piedras” en
las montañas (Clavigero 1767). Algunas parecen haber sido desmanteladas intencionalmente.
Artefactos
Los artefactos en IAG son generalmente similares a los de los sitios peninsulares:
Lascas y núcleos de piedra
La gran mayoría de artefactos son desperdicios de manufactura, aunque algunas lascas y núcleos pudieron haber servido como “herramientas momentáneas”.
Lascas retocadas
La mayoría de las herramientas de piedra, son lascas simples que eran retocadas a lo largo de una arista para elaborar un implemento burdo cortante o raspador.
Figura 8. Isla Ángel de la Guarda. Dos de alrededor de 250 mojoneras en un pico al oeste de Punta La Víbora. La mojonera a la izquierda tiene un diámetro en la base de aproximadamente 1.2 m. y una altura aproximada de 50 cm., con altura de cuatro rocas apiladas. La foto mira al este
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Herramientas de núcleos y lascas
Las herramientas elaboradas de núcleos o grandes lascas en IAG, como
las de la península adyacente eran diseñadas para tareas específicas tales
como tronchado, cortado, raspado, cepillado y escopleado (fig. 9). La intención era producir una arista de trabajo útil, y se prestaba poca atención a su forma general. Como las herramientas peninsulares, muchas son planas
en una cara y convexas o combadas en la otra. Las bifaces son de las pocas
herramientas de piedra elaboradas conforme a una forma estandarizada y
son relativamente comunes en IAG. La mayoría miden entre aproximadamente 6 y 13 cm de largo, pero se ha encontrado una notable biface de 25.8 cm de largo (fig. 10).
Se han encontrado tres especimenes pequeños de forma lanceolada,
probables puntas de proyectil cuya forma es común en la península (ver
fig. 5c).
Figura 9. Isla Ángel de la Guarda. Herramienta escopleadora (“denticulada”) de riolita local, Área de Ensenada Los Machos. Es de 5.2.cm. de largo, 4.5 cm. de ancho y 1.5 cm. de espesor. Al “diente”, situado en la esquina inferior derecha se le dio la apariencia de un cincel plano golpeando una laminilla pequeña en la parte de abajo
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Figura 10. Isla Ángel de la Guarda. Biface gigante de riolita local, in situ, en el área de Ensenada Los Machos. Longitud de 25.8 cm., ancho 11.4 cm. y espesor de 3.7.cm
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Herramientas de laminillas de concha
Las grandes conchas de Dosinia eran laminadas para elaborar herramientas
con aristas rasgadas usadas presumiblemente para cortar. Muchas se observan desafiladas por el uso.
Piedras para moler
Se han encontrado rocas de playa desgastadas por el agua que eran usadas comúnmente como metates y manos (fig. 11). Muchas de ellas se observan sumamente desgastadas, mostrando lo mucho que se dependía de los alimentos vegetales.
Cronología e identidad cultural
Aunque el registro arqueológico de IAG es en gran medida similar al de la costa peninsular adyacente, su panorama general es una versión más pobre
La ausencia de densos conchales se debe probablemente a la topografía costera de la isla que se sumerge abruptamente en el mar proporcionando poco hábitat para la mayoría de las especies litorales más apreciadas. Es probable que la ausencia aparente de algunos elementos tales como tumbas y pinturas rupestres podría deberse más bien al insuficiente trabajo de campo. La cerámica probablemente esté ausente debido a que la influencia de los misioneros no se extendió hasta la isla. La escasez de puntas de proyectil podría reflejar la ausencia de animales terrestres de caza, aunque los proyectiles de punta de piedra podrían haber sido usados para cazar lobos marinos y como armas de guerra. La gran abundancia de mojoneras en la isla es un claro enigma para el que se requiere una explicación.

Las amplias similitudes entre la arqueología de la costa peninsular y la de
IAG sugieren que ambas fueron predominantemente el producto del período histórico local de los cochimíes y sus predecesores prehistóricos. Aunque
el Padre Linck no encontró indígenas en la isla en 1765, él hace referencia a
las visitas ocasionales de cochimíes en ese tiempo (Burrus 1967).
Figura 11. Isla Ángel de la Guarda. Metate de piedra de playa disforme de un sitiode duna cerca de Puerto Refugio. Es de 21.3 cm. de longitud, ancho 12.3, y 3.7.cm. de espesor. La superficie de molido mostrada aquí, estaba boca abajo, lo cual preservó el residuo orgánico oscuro visible en la foto
Bahía de los Ángeles, B.C.S. 010
Aunque generalmente son consistentes con la arqueológicamente definida Cultura Comondú, ninguno de los vestigios de la isla ha sido directamente fechado, y la mayoría de las estructuras y artefactos son formas simples y
muy dispersas que podrían tener cualquier antigüedad. Dado que las puntas
de proyectil Paleoindígenas se han encontrado aproximadamente a 170 km
al sur de BLA, es claro que el hombre ha estado presente en Baja California
durante al menos 13,000 años (Hyland y Gutiérrez 1996, Hyland 1997, Laylander 2006). Algunos viajeros indígenas equipados con la ubicua balsa de carrizo que pareciera ser un forma antigua de embarcación (Heizer y Massey 1953), probablemente pudieron haber iniciado el aprovechamiento de IAG en cualquier momento de este largo período (Bowen 2004).
Este potencialmente prolongado periodo tiene implicaciones significativas
en la interpretación de la ecología moderna de la isla. Los indígenas obviamente usaron los recursos vegetales y animales de la isla como alimento y materiales, y su impacto en la biota de la isla durante siglos o milenios pudo haber sido considerable (Nabhan 2000, 2002). Los sitios arqueológicos frecuentemente conservan información detallada acerca de los organismos explotados por los antiguos pobladores, y esto puede incluir registros de especies introducidas y extintas (Bowen 2004). En este contexto es valioso hacer notar que los ampliamente diseminados indígenas seris de Sonora llamaron a la isla Xazl Limt “Donde Viven los Pumas” (S Marlett com. pers.). En los inicios del siglo pasado se creía que la isla había albergado coyotes y venados, así como pumas (Sheldon 1979, ver también Murray 1967, Lewis y Ebeling 1971). Sea esto ecológicamente plausible, aun suponiendo mayores precipitaciones en el pasado, o sólo producto de la imaginación seri, desenmarañar la historia humana en la isla a través de la investigación arqueológica podría beneficiar a los biólogos al revelar los cambios ecológicos de largo plazo que pudieran haber en ella ocurrido.
Amenazas y conservación
La conservación de los recursos arqueológicos en la Reserva de la Biosfera de BLA y Canales de Ballenas y Salsipuedes debe guiarse por tres principios:
1. Todas las reliquias, estén en terreno privado o público, pertenecen al gobierno federal Mexicano. Es ilegal cambiarlos de lugar, alterarlos o destruirlos sin un permiso, inclusive darlos a un museo.
2. El valor científico de los vestigios arqueológicos no sólo reside en los objetos mismos, sino en su ubicación precisa en el sitio. Alterar su posición
destruye mucho de su valor de información.
3. Los sitios arqueológicos son una fuente indispensable de información
acerca de las actividades del ser humano prehistórico; son además un
recurso no renovable —una vez que un sitio es alterado o destruido, la
información que contenía se pierde para siempre.
Bowen (2004) ha enumerado otras importantes amenazas a los sitios arqueológicos en las islas del GC, y Bendímez-Patterson (2006) ha observado amenazas a los recursos arqueológicos en Baja California en general. Por mucho las amenazas más serias a los sitios dentro de la Reserva de la Biosfera en BLA provienen de los proyectos de desarrollo, el turismo y los coleccionistas ilegales de artefactos (saqueadores). Cualquier construcción que altere la superficie del terreno puede alterar o destruir estos sitios. Asimismo, los visitantes que acampan y los usuarios de vehículos todo terreno amenazan cualquier sitio a su paso. Los coleccionistas de artefactos, quienes se llevan los vestigios culturales como pasatiempo, con frecuencia despojan los sitios totalmente. Lamentablemente también los científicos algunas veces retiran artefactos pensando erróneamente que sus acciones son aceptables si los donan a un museo.
Los proyectos de desarrollo y el turismo han dañado o destruido ya un
buen número de sitios, y los saqueadores han estado activos por más de un
siglo (Massey y Osborne 1961, Ritter et al. 1994). Actualmente la mayor
amenaza la constituye el proyecto de la Escalera Náutica del Mar de Cortés.
No sólo la construcción de la marina propuesta e infraestructura asociada
podrían fácilmente destruir más sitios alrededor de BLA, sino la afluencia
anticipada de turistas náuticos, quienes han de los peores saqueadores, probablemente multiplicaría la destrucción de los sitios también en las islas.
No obstante que se han propuesto algunas medidas de conservación
(Bowen 2004), pocas de ellas se han realmente implementado (Bendímez-
Patterson, 2006), por lo que la mayoría de los sitios dentro de la Reserva de la Biosfera permanecen desprotegidos. La conservación de los recursos arqueológicos es un tema que requiere la participación conjunta de muchas fuentes, y una forma efectiva de empezar sería convocar a una discusión en mesas de trabajo. La recomendación es que en ellas participen preferente arqueólogos y biólogos activos en la región, instituciones gubernamentales como el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Área de Protección de la Flora y Fauna (APFF) Islas del Golfo de California, ONGs de conservación como Pronatura, organizaciones locales de BLA tales como el Museo de Naturaleza y Cultura, el Ejido Tierra y Libertad y todas las partes interesadas.
Agradecimientos
Agradecemos al Instituto Nacional de Antropología e Historia y a la oficina
del APFF Islas del Golfo de California en Baja California por permitir y auto
rizar la realización del trabajo de campo, así como estamos profundamente
agradecidos con el gran número de personas que nos asistieron a lo largo de esta investigación. Especialmente agradecemos a D Laylander por su meticulosa y constructiva crítica a nuestro manuscrito.
Resumen
Los estudios arqueológicos y unas cuantas excavaciones en Bahía de los Ángeles, Bahía Las Ánimas, e Isla Ángel de la Guarda indican que la región que ahora ocupa la Reserva de la Biosfera Bahía de los Ángeles y Canales de Ballenas y Salsipuedes pudo haber estado habitada por indígenas durante 6000 años o más. Los sitios arqueológicos en la costa peninsular incluyen concheros (acumulaciones de conchas y huesos), descampados y corrales de piedra, talleres líticos, sepulcros, veredas y pinturas rupestres. Entre los artefactos se cuentan puntas de proyectil, herramientas sencillas de corte y escopleado, herramientas de laminillas de concha, metates y cerámica del período colonial español. Las puntas de proyectil y los metates aportan evidencias de la caza de animales terrestres y la recolección de vegetales como alimento. Los conche ros son testigos de la intensa explotación de recursos marinos y costeros, especialmente de moluscos y crustáceos, mamíferos marinos, tortugas marinas, peces y cangrejos. Aunque la cronología local es esquemática, la subsistencia basada en alimentos de origen marino parece haberse incrementado al final del periodo prehistórico. Estos últimos pueblos se conocen arqueológicamente como Cultura Comondú e históricamente como indígenas cochimíes. Aunque
la Isla Ángel de la Guarda es arqueológicamente menos conocida, también fue ampliamente aprovechada por los pueblos indígenas; la mayoría de sus sitios y artefactos son similares a los de la vecina costa peninsular, lo que sugiere que durante siglos o milenios los pueblos que habitaban la península realizaban viajes frecuentes a la isla. Tanto los sitios arqueológicos que se encuentran en la península como los de la isla se encuentran cada vez más amenazados por el desarrollo, las actividades turísticas y el saqueo, sin embargo todavía no se ha desarrollado ni se ha implementado una estrategia amplia de conservación integral tendiente a revertir tales amenazas en la zona.
Abstract
Archaeological surveys and limited excavations within Bahía de los Ángeles,
Bahía Las Ánimas, and Isla Ángel de la Guarda indicate that indigenous peoples may have occupied the region subsumed by the Bahía de los Ángeles Biosphere Reserve for 6000 years or more. Sites on the peninsular coast include shell mounds, camp clearings and piled rock enclosures, stone tool manufacturing sites, burial sites, trails, and rock art sites. Artifacts include projectile points, simple cutting and scraping tools, flaked shell tools, milling stones, and Spanish-period ceramics. Projectile points and milling stones provide evidence of hunting and gathering of terrestrial mammals and plant foods. Shell mounds attest to heavy exploitation of littoral and marine resources, especially shell fish, sea mammals, sea turtles, fish and crabs. Although local chronology is sketchy, reliance on sea foods appears to have increased during late prehistoric times. These late peoples are known archaeologically as the Comondú Culture and historically as the Cochimí Indians. Although Isla Ángel de la Guarda is less well known archaeologically, it too was extensively utilized by indigenous peoples. Most sites and artifacts are similar to those of the adjoining peninsula, suggesting that the people who occupied the peninsula made frequent voyages to the island over centuries or millennia. Archaeological sites on both the peninsula and island are increasingly threatened by development, recreationists, and looting, but no comprehensive conservation strategy has yet been developed or implemented.
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