Restos de un Intento de Conquista de La California

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Restos de un Intento de Conquista de La California

“In Memoriam”, a 300 años de la Muerte del Padre Kino

Con dedicación especial al buen amigo Pablo Cuauhtemoc Soot de Hermosillo, Sonora, admirador del padre Kino y de la inmensa obra realizada en Sonora y Arizona así como de la aventura de Kino en La California.

El camino entra por una pequeña desviación de terracería en el arroyo de San Juan Londó, bajo el puente que lo cruza en el tramo carretero de Loreto a Bahía de la Concepción, se enfila hacía la costa, primero por una terracería bastante andada por los camiones materialistas que extraen grava y arena del arroyo, en la última mina continúa por el lecho del arroyo convirtiéndose en un arenal que invita al vehículo a atascarse, es aquí imperativo utilizar la doble tracción, unos quinientos metros continúa de igual forma para luego subir a un ancón montoso pero de piso firme. Más o menos un kilómetro y medio adelante divisa uno un cantíl amarillo, pasando cerca de su extremo, luego un cruce de arroyo de pocos metros de ancho pero con cierta profundidad, muy cerca se observa un paso entre el próximo lomerío y el cantíl, el camino continúa entre ambos promontorios pero antes de adentrarse en este pasaje plano entre los cerros debe desviarse uno a la derecha siguiendo la falda del lomerío en una corta desviación que lo lleva a uno hasta un punto a más o menos doscientos metros más adelante donde se debe dejar el vehiculo, prácticamente el camino viable para un carro termina ahí. A partir de este punto hay que caminar tomando un sendero que va entre una cortina de pino de arroyo, árboles invasores en este territorio. El sendero cruza la barrera de pinos e inmediatamente empieza a subir una pequeña loma tepetatosa, al llegar arriba a sólo unos cuantos metros de nuevo se observa que el sendero empieza a bajar, en ese punto uno debe tomar hacía la izquierda y subir a la parte más alta de la loma, caminar entre el matorral de matacoras, palvadanes y otros arbustos típicos de esta zona es imperativo. En la cúspide de esta pequeña loma se encuentran los leves y apenas perceptibles restos del campamento de Eusebio Francisco Kino y de Isidro (Isidoro) de Atondo y Antillón, en este punto fundaron la Misión de San Bruno en honor al santo por haber desembarcado en el sitio un 6 de octubre de 1683.

Restos del campamento de Kino y Antillon

Eusebio Francisco Kino, según Bolton, uno de sus biógrafos, tenía por nombre original Eusebius Chinus y nace en el pequeño pueblo de Segnos en Italia el 10 de agosto de 1645, posteriormente, cambiaría su apellido a Kino para evitar confusiones con nombres de origen chino o asiático. Durante sus primeros tiempos de estudiante, Kino contrajo una seria enfermedad, sintiendo lo grave de su mal se encomienda a San Francisco Javier y le promete que si le da la salud se haría misionero Jesuita para viajar a China. En 1665, al sanar, ingresa a la compañía de Jesús y termina sus estudios en 1667. En 1678 por obra y gracia del azar, sorteando con otro misionero para ver quien se iba a China pierde y en 1681 Kino se embarca en el puerto de Cádiz con rumbo a Nueva España. Para esas fechas y desde 1678, Isidro de Atondo y Antillón había sido encargado por el gobierno virreinal para que armara una expedición de colonización a La California. Kino es asignado a la expedición de Atondo por sus dotes matemáticos y conocimientos de cartografía y cosmografía (ciencia útil para la navegación y ubicaciones geográficas en aquellos tiempos). A principios de 1683 parten del puerto de Chacala rumbo a la codiciada California. Luego de algunas semanas de navegación y pasando antes por Mazatlán para obtener los últimos aprovisionamientos y hacer aguada, llegan el 1° de abril al sitio donde hoy es el puerto de La Paz, este punto es el primer contacto de Kino con la ya famosa, por inconquistable, tierra de California. Por desgracia para Atondo y Kino, no serian ellos los que mejor suerte correrían con California, luego de un corto tiempo en La Paz tienen también, al igual que otros que les antecedieron, que abandonar el sitio no sin antes lograr tener algunas endebles construcciones para la iglesia, un pequeño fuerte y un incipiente sembradío. Es en La Paz donde Kino tiene también el primer contactos con los naturales californios. En julio del mismo año abandonan La Paz por falta de alimentos y hostigados  por el medio natural de la región regresan a la costa continental para reorganizarse y acometer de nuevo la encomienda de establecerse en La California. El 6 de octubre de 1683, día de San Bruno, llegan a la costa californiana y bautizan el sitio con el nombre del santo. Kino establece contacto con los nativos y Atondo y sus hombres se ocupa en levantar el campamento y un pequeño fuerte, el lugar escogido era estratégico y distaba unos mil metros de la costa, era una pequeña elevación sobre el terreno desde donde prácticamente dominaban todo lo que los rodeaba y tenían vista al mar donde estaban los barcos o de donde podía distinguirse el arribo de alguno de ellos. Cerca estaba el arroyo, este contaba con una afloración de agua dulce, aún hoy es notorio este aguaje aunque actualmente el agua es salobre por la intrusión marina toda vez que los flujos subterráneos son abatidos aguas arriba para la siembra en el valle de San Juan Londó y los servicios de agua potable de la población Loreto. Al pié del promontorio usado por Kino y Antillón para hacer el fuerte o campamento, se extienden unos ancones montosos con tierra que se aprecia apta para la agricultura, esto y el agua cercana debió atraer a esos exploradores al sitio y pronosticarlo como viable para un asentamiento en el. Desde este punto Kino y Atondo exploran el territorio, descubren y bautizan el valle de San Juan Londó, donde luego los jesuitas futuros establecerían una visita misional. Exploran la serranía cercana no sin graves dificultades por lo escarpado de sus laderas a las que, muchas veces tenían que izarse amarrados con cuerdas, Kino bautiza esta serranía con el nombre de La Giganta. De los nativos recogían historias de que más allá de esas montañas existían gigantes, esto seguramente por las noticias que los mismos californios tenían de las monumentales pinturas rupestres de más al norte pero sobre la misma prolongada cordillera, pinturas a las que Kino nunca conoció. En una de sus exploraciones Kino y los expedicionarios llegan hasta el Mar del Sur, hoy el Océano Pacífico, esta expedición, la tercera de las emprendidas en territorio californiano, la inician el 14 de diciembre de 1684, pasaron navidad en un punto que los naturales llamaban Comondé, este nombre ahora es Comondú. El sitio en el cual pasaron esa celebración cristiana hoy es denominado Comondú Viejo y es lugar donde se estableció, años después, la primera misión de San José de Comondú, luego sería cambiada al actual sitio, llevándose santo y nombre al nuevo asentamiento. El 30 de diciembre de 1684 Kino y el Almirante Atondo llegan a la costa del gran océano no sin antes padecer infinitas dificultades por el agresivo terreno que tuvieron que sortear, terrenos donde la vista se extiende hasta el infinito como un solo pedregal.

 

Por las dificultades de hacer sustentable el establecimiento misional y el padecimiento de escorbuto en la gente Atondo conjuntamente con los miembros de su expedición, entre ellos Kino, toman la decisión de abandonar San Bruno lo cual hacen a principios de mayo de 1685. Aunque los expedicionarios continuaron explorando las costas californianas en busca de perlas y de algún sitio más viable para establecerse en el, finalmente, en octubre de ese mismo año abandonan definitivamente la península a la cual, a pesar de sus deseos Kino no volvería más. Sin embargo la planeación de la entrada definitiva de los misioneros de su orden, lo que se convirtió en “La Gran Epopeya Jesuita en La California” fue apoyada e impulsada por Kino, de hecho la expedición definitiva era encabezada por Kino y Juan María de Salvatierra pero, con todo listo y preparado, cuando estaban a punto de partir a California, Kino tuvo que ocuparse en apoyar la pacificación indígena en la Pimería Alta sonorense y no pudo acompañar a Salvatierra a esa gran aventura evangelizadora y de conquista de la península californiana. No obstante eso Kino continuó siendo de gran apoyo logístico para las misiones peninsulares toda vez que, alimentos e infinidad de enseres y elementos necesarios para el sostenimiento de esas misiones eran agenciados por Kino desde las misiones de Sonora. Esto seguramente con el convencimiento, por experiencias propias anteriores, de que sin tal apoyo del México continental el riesgo de abandonar por enésima vez ese cometido era altamente probable. Kino muere en la Misión de Santa María Magdalena, Sonora, el 15 de marzo de 1711 a la edad de 66 años, esto representó una gran pérdida para las misiones de Sonora y La California. En el sitio de San Bruno, en el hoy estado de Baja California Sur, comido por el monte, no existe ni un sólo elemento alusivo a este gran intento de conquista del territorio californiano, aunque estos restos son insignificantes ante la gran labor de Kino en Sonora, son el vestigio de su intento por establecerse en una tierra que siempre cobró con el desaliento, la frustración y en muchas ocasiones con la muerte por hambre, todo intento que hasta el momento se había hecho para colonizarla, el esfuerzo de Antillón y Kino realizado desde esta precaria base no fue menor y creo que vale la pena tenerlo presente, sólo basta con leer detenidamente las crónicas que hablan de los infructuosos intentos de Antillón por tener acceso a algunos territorios allende la serranía de La Giganta. Nada hay en San Bruno que indique la estancia de Kino en el solitario sitio, ojalá que las autoridades, aunque sean las sonorenses, que tan en alto, con justificada razón, tienen la figura del padre Kino, pudieran establecer, con el permiso del INAH a nivel central algún monumento alusivo y resguardar el sitio con una adecuada protección ya que, dudo grandemente que localmente alguien se interese en hacer algo al respecto así como, que yo sepa, no se han interesado en proteger los exiguos restos que aún existen en importantes sitios como La Purísima Concepción de Cadegomó donde están todavía unas antiquísimas tumbas que el tiempo terminará por derruir; Comondú Viejo, primera Misión de Comondú, en la que aún interesantes vestigios se encuentran en el sitio, pero donde lo que fue la iglesia hoy es un chiquero de puercos; Visita de San Juan Londó que se cae a pedazos; Visita de La Presentación que es saqueada sistemáticamente por propios y extranjeros gringos para llevarse sus piedras labradas; La Purísima Vieja, etc.
Fuentes:

-¿Que hizo Eusebio Kino Antes de Venir a Sonora?, Ignacio Lagarda.

-Datos Biográficos sobre el Almirante de las Californias, Isidro de Atondo y Antillón, W.M. Mathes.

http://www.icbc.gob.mx/attachments/635_exploradores-evangelistas.pdf

https://navegantecalifornio.files.wordpress.com/2014/04/pareja-y-aves-pericues-guaycuras-cochimies-yumanos-cucupas-coras-yaquis-edues.jpg

-Eusebio Kino a 300 Años, Carlos Lazcano.

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EL INDIO PERICU DE BAJA CALIFORNIA SUR

El Pericú Las varias docenas de cráneos Pericú conservados por el Museo Regional de La Paz en Baja California Sur, en México y en el Museo Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México se midieron y analizaron recientemente. El Pericúes había sido pensado para ser un grupo Amerind algo aberrante. Ellos resultan ser algo mucho más enigmático. ¿Qué son todavía no es del todo claro, pero nose parecen estar amerindio (véase el capítulo Relaciones genéticas más abajo). Sus parientes más cercanos parecen ser los fueguinos, los australianos, algunos Newguineans Papua y otras poblaciones de las zonas del Océano Pacífico y el Índico, incluyendo posiblemente el Negrito Andamanese a la que una gran parte de este sitio web está dedicado. El primer encuentro de Pericú conocido con el avance de españoles tuvo lugar cuando Hernán Cortés visitó y nombró el área alrededor de La Paz – hoy la capital del estado mexicano de Baja California Sur. Encuentros anteriores con los exploradores y comerciantes es probable, pero no han sido registrados. Durante los siglos siguientes, la mayoría de los misioneros y quizás unos pocos comerciantes se interesó por la Pericú primitivo, materialmente pobres y remotas y el Guaycura. Como ha sucedido tantas veces antes y un después, la atención de personas externas (ya sean misioneros o comerciantes, burócratas) resultó letal para los objetos de su atención. A finales del siglo 18 la Pericú había desaparecido, en su mayoría enviados por las nuevas enfermedades introducidas por los forasteros. El vecino Guyacura los siguió en el olvido en algún momento durante el siglo 19. Se estima que el grupo Pericúes-Guaycura-Monqui constaba de alrededor de 4.000 personas en 1734 y 1772 400. En otras palabras, enfermedad había reducido la población a 10% de su fuerza anterior dentro de menos de 40 años. La rapidez de su descenso es un indicador de que la Pericú y sus vecinos más cercanos habían sido completamente aislados del mundo exterior en la punta de la península por un tiempo muy largo y que, en consecuencia, tenían menos defensas inmunológicas incluso que el “normal” Amerind poblaciones de las Américas. El interés científico en Pericú no te ha sido abrumadora hasta el año 2001 cuando la Dra. Silvia González, anunció que sus resultados de las mediciones del cráneo hecho a la mujer Penon (fechado en 20.000 años entre los restos humanos más antiguos que se ha encontrado en las Américas) fueron muy similares a los de la Pericú. La posibilidad de que los descendientes de la mujer Peñón había sobrevivido hasta prehistoriadores unos cientos de años atrás emocionado y mucho trastorno de confecciona-mente y se establecieron opiniones. Además, dado que el descubrimiento tuvo lugar en México amante de la libertad, los grupos de presión estadounidenses no podían ir a NAGPRA insistir en que la evidencia será enterrado antes de que pudiera producir inquietantes datos científicos. Dr. González también señaló en 2001 que, con base en sus mediciones del cráneo, la mujer Peñón (y por ende también la Pericú y Guaycura) no se relacionaron con modernas poblaciones amerindias, sino que tenían afiliaciones con los australianos. A continuación, anunció planes para hacer los análisis de ADN de la Pericu, diciendo que creía que el resultado “sería una bomba científica”. Por desgracia, hasta principios de 2007, la bomba no ha apagará y todas las partes (profesionales, así como los contras) se dejan en pie aroundwith sus disputas detuvo en medio de discusión, esperando que la señora. Ven a la Dra. González, ser rápido!

CRANEO PERICUE ENCONTRADO EN EL CONCHALITO, B.C.S.

En agosto de 1892 León Diguet tomó una fotografía de María Ignacia Melina de Loreto que se decía que era 85 años de edad y uno de los últimos cuatro Guaycuras siguen viviendo entonces. Su padre había sido un medio Guaycura, y su madre Guaycura de pura sangre.

El Guaycura fueron los vecinos directos de la única Pericú. Las relaciones no parecen haber sido amistosa o cerrar. El área donde se superponen sus fronteras tribales (en el área de La Paz) se disputaron entre los dos grupos.

ZONA DONDE HABITARION LOS ANTIGUOS CALIFORNIOS

El Guaycura tenido contacto con los españoles, tal vez se remontan hasta el 1530 y durante los siguientes 200 años tuvieron esporádica pero creciente contacto con el exterior con los comerciantes y los misioneros jesuitas. Este último parece haber sido bastante exitosos en atraer seguidores Guaycura. Sin embargo, en 1734 hubo una rebelión fracasada contra los misioneros por Pericú en la que también participaron algunos Guaycura. El número de Guaycuras disminuyó a lo largo del siglo 18 y su cultura y su lengua era prácticamente extinto en 1800. El intenso contacto con el mundo exterior nos ha dado más información que la que tenemos en la Pericú.

EL ATLATL O PROPULSOR EN AMERICA

AMÉRICA DEL NORTE
Durante la última glaciación americana la acumulación de hielo hizo bajar el nivel de los mares, dejando abierto un puente natural entre Asia y América por el estrecho de Bering. Por allí tendría lugar la migración de cazadores paleolíticos asiáticos, que irían poblando América durante milenios. Al final de la glaciación, hacia el año 8.000 a.C., el agua cubrió de nuevo el paso y los hombres del continente americano quedaron aislados, siguiendo su propia evolución cultural, distinta del resto del mundo.

El arma que aquellos primeros pobladores habían llevado consigo persiguiendo las grandes manadas de animales, era todavía el propulsor de azagayas. El arco no se había inventado aún y en la América aislada tardaría mucho tiempo en aparecer, posiblemente hacia el cambio de Era. Así,  el propulsor,  tuvo tiempo suficiente para experimentar un extraordinario desarrollo y afinamiento, superior al de cualquier otro país y época. Desde América del Norte se propagó hacia el resto del continente americano, convirtiéndose en el arma por excelencia en algunas regiones y perdurando hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI.

En América del norte su presencia e importancia se atestigua por la abundancia de puntas líticas encontradas en muchas zonas, correspondientes a diferentes culturas a lo largo del tiempo.

Pero además se han encontrado numerosos especímenes originales, conservados en enterramientos en cuevas en diferentes partes del país. Su antigüedad más frecuente oscila alrededor de los 2.000 años, pero también han aparecido ejemplares mucho más antiguos.
El ejemplar representado abajo es un tipo frecuente, que contiene ya todos los grados de sofisticación a que llegó este arma en Norteamérica.

Obsérvese la extraordinaria delgadez del ejemplar, de aproximadamente 0,5 cm, lo que le dotaba de flexibilidad en el lanzamiento. Ello, unido a la propia flexibilidad del dardo, que podía alcanzar una longitud de 1,80 cm o más, con un diámetro no superior a 1 cm, confería al conjunto propulsor-dardo las características de un mecanismo sumamente elástico, que absorbía perfectamente el impulso del lanzamiento, almacenándolo como un resorte, y luego lo liberaba haciendo “saltar” al dardo en dirección del objetivo. El principal papel en este mecanismo correspondía al dardo y su extraordinaria flexibilidad, pero el propulsor añadía eficazmente la suya siempre que estuviese bien armonizada con la del primero. El dardo tenía que recibir la recuperación del propulsor en el mismo instante en que se producía la suya. Este extraordinario “afinamiento” del propulsor se conseguía mediante unos contrapesos que modificaban las características de flexibilidad del propulsor. La posición de los contrapesos se tanteaba hasta conseguir la posición óptima. Los contrapesos podían ser de múltiples formas, añadiendo a la anterior diferentes funcionalidades, como la de equilibrar el conjunto propulsor dardo sobre la posición de la mano, de manera que esta no tuviese que realizar esfuerzos para mantener la horizontalidad del dardo en situaciones de espera de disparo. Otros contrapesos, de diseño amplio, añadían la función de silenciador, eliminando el zumbido característico del propulsor en el disparo, lo que era de vital importancia en los lances de caza.

El ejemplar mostrado tiene una longitud, bastante frecuente, de unos 60 cm y una anchura de 2.5 cm. El extremo de apoyo del dardo es mixto, presentando un rebaje hembra y dentro un saliente macho donde encajaría el hueco del extremo del dardo. Es también muy característico los bucles o agarraderos para los dedos índice y medio, situados por encima de la empuñadura. Así se evitaba el escape accidental del propulsor en el lanzamiento.

Otros diseños de propulsores norteamericanos son los ejemplares arqueológicos mostrados a continuación:

Se observan distintas soluciones para el agarradero de los dedos y distintas formas de contrapesos.

De los dardos no se conservan especímenes completos de los que tomar su longitud y composición, que puede deducirse sin embargo del magnífico petroglifo hallado en el Valle del Fuego, en Las Vegas, en el que se observa además del diseño perfecto del propulsor, un dardo de gran longitud, dotado de emplume.

CENTRO Y SUDAMÉRICA
El atlatl (nombre original azteca), estólica o lanzadera (nombres españoles utilizados por los conquistadores), son nombres que designan al propulsor usado en estas áreas. Se usó fundamentalmente en mesoamérica, Colombia y algunas zonas de Perú.
Fue el arma por excelencia de los aztecas. En las representaciones mostradas a continuación, las tres de la izquierda están basadas en  esculturas aztecas, y en ellas se aprecia el corto propulsor profusamente decorado con plumas, en consonancia con los aparatosos vestidos aztecas;  el método de sujeción se basa  en agujeros para introducir los dedos. El apoyo del dardo es mixto. Se aprecia también un haz de largos dardos dotados de emplume, que no parece el típico de las flechas de arco, sino una especie de cucurucho alrededor del extremo del dardo.
En la figura de la derecha se representa el símbolo de guerra azteca, según el “códice de Mendoza”; se aprecia en ella una panoplia compuesta por escudo con conchas, dardos con punta de sílex  y un especial emplume. Por encima del escudo sobresale la empuñadura del propulsor, dotada de dos agujeros para los dedos. En español figura la leyenda “instrumentos de guerra”. En el centro, un detalle central de un famoso códice mixteca muestra el personaje que porta el haz de dardos y el atlatl.

Con este arma causaron múltiples problemas a los conquistadores españoles, pues  era capaz de atravesar las cotas de malla de los soldados.

En Perú se usó también por diferentes culturas indígenas y finalmente por el ejército inca. Solía estar formado por un bastón o vara circular dotada de uno o dos ganchos. Uno, para  el acoplamiento del dardo, y otro, en el  extremo opuesto, era un apoyo para posicionarlo sujetando con el dedo índice sobre él. Hay ejemplares arqueológicos muy elaborados, con ganchos de hueso, piedra e incluso moldeados  en metal y recubiertos con oro. Los ganchos pueden representar figuras zoomorfas y antropomorfas.

La siguiente figura es un dibujo de un indio tiboita, de la región de Mojos, entre Bolivia y Brasil. Se aprecian claramente los largos y finos dardos, sin emplume, y con afilada punta en forma de arpón. Igualmente está bien representada la manera de agarre y lanzamiento del atlatl.

Es en pueblos aborigenes actuales de Mesoamérica donde se han podido encontrar especímenes de propulsor conservados, ya que han seguido usando el arma desde tiempos ancestrales hasta casi el presente, como veremos en otro apartado.
El siguiente propulsor es de Tarascan, Mexico.

Obsérvense los dos agujeros para la introducción de los dedos, lo que permite un buen agarre, y el extremo macho-hembra, con un puntero tallado sobre la canaleta que se prolonga a todo lo largo del instrumento.

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Los PERICÚS; conocidos también como edúes y coras

de la Peninsula de Baja California parte sur

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El registro arqueológico en el Territorio PERICÚ se extiende hasta los principios del Holoceno, hace cerca de 10 mil años, y persiste hasta el Pleistoceno tardío (Fujita 2006). Los distintivos Cráneos Hiperdolicefálicos (cabezas alargadas) encontradas en algunos entierros de la región de Los Cabos que sugiere a algunos expertos que los Ancestros de los PERICÚS fueron migrantes trans-pacíficos o remanentes de algunos de los primeros Colonos de América. (González-José et. al., 2003; Rivet, 1909). Los emblemáticos entierros del Complejo Las Palmas, que se relacionan con entierros secundarios pintados con ocre rojo depositados en cavernas o abrigos rocosos, son particularmente notables (Massey, 1955). El uso continuo del Átlaatl al lado del arco y flecha, persistió hasta finales del siglo XVIII, mucho tiempo después de que muchos Pueblos Indígenas habían abandonado su uso en América del Norte. Este rasgo ha sido interpretado como una expresión del excepcional grado de aislamiento del extremo sur de la Península de California (Massey 1961).


Harumi Fujita (2006) ha delineado el cambio de patrones en la explotación de recursos marítimos y los asentamientos en la región de Los Cabos durante la Época Precolombina. De acuerdo con Fujita, alrededor del año 1,000 de nuestra era, cuatro Grandes Centros de Importancia Socioeconómica y Ceremonial surgieron en Los Cabos: Cabo San Lucas, Cabo Pulmo, Airapí (La Paz) e Isla del Espíritu Santo.

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