EL ATLATL O PROPULSOR EN AMERICA

AMÉRICA DEL NORTE
Durante la última glaciación americana la acumulación de hielo hizo bajar el nivel de los mares, dejando abierto un puente natural entre Asia y América por el estrecho de Bering. Por allí tendría lugar la migración de cazadores paleolíticos asiáticos, que irían poblando América durante milenios. Al final de la glaciación, hacia el año 8.000 a.C., el agua cubrió de nuevo el paso y los hombres del continente americano quedaron aislados, siguiendo su propia evolución cultural, distinta del resto del mundo.

El arma que aquellos primeros pobladores habían llevado consigo persiguiendo las grandes manadas de animales, era todavía el propulsor de azagayas. El arco no se había inventado aún y en la América aislada tardaría mucho tiempo en aparecer, posiblemente hacia el cambio de Era. Así,  el propulsor,  tuvo tiempo suficiente para experimentar un extraordinario desarrollo y afinamiento, superior al de cualquier otro país y época. Desde América del Norte se propagó hacia el resto del continente americano, convirtiéndose en el arma por excelencia en algunas regiones y perdurando hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI.

En América del norte su presencia e importancia se atestigua por la abundancia de puntas líticas encontradas en muchas zonas, correspondientes a diferentes culturas a lo largo del tiempo.

Pero además se han encontrado numerosos especímenes originales, conservados en enterramientos en cuevas en diferentes partes del país. Su antigüedad más frecuente oscila alrededor de los 2.000 años, pero también han aparecido ejemplares mucho más antiguos.
El ejemplar representado abajo es un tipo frecuente, que contiene ya todos los grados de sofisticación a que llegó este arma en Norteamérica.

Obsérvese la extraordinaria delgadez del ejemplar, de aproximadamente 0,5 cm, lo que le dotaba de flexibilidad en el lanzamiento. Ello, unido a la propia flexibilidad del dardo, que podía alcanzar una longitud de 1,80 cm o más, con un diámetro no superior a 1 cm, confería al conjunto propulsor-dardo las características de un mecanismo sumamente elástico, que absorbía perfectamente el impulso del lanzamiento, almacenándolo como un resorte, y luego lo liberaba haciendo “saltar” al dardo en dirección del objetivo. El principal papel en este mecanismo correspondía al dardo y su extraordinaria flexibilidad, pero el propulsor añadía eficazmente la suya siempre que estuviese bien armonizada con la del primero. El dardo tenía que recibir la recuperación del propulsor en el mismo instante en que se producía la suya. Este extraordinario “afinamiento” del propulsor se conseguía mediante unos contrapesos que modificaban las características de flexibilidad del propulsor. La posición de los contrapesos se tanteaba hasta conseguir la posición óptima. Los contrapesos podían ser de múltiples formas, añadiendo a la anterior diferentes funcionalidades, como la de equilibrar el conjunto propulsor dardo sobre la posición de la mano, de manera que esta no tuviese que realizar esfuerzos para mantener la horizontalidad del dardo en situaciones de espera de disparo. Otros contrapesos, de diseño amplio, añadían la función de silenciador, eliminando el zumbido característico del propulsor en el disparo, lo que era de vital importancia en los lances de caza.

El ejemplar mostrado tiene una longitud, bastante frecuente, de unos 60 cm y una anchura de 2.5 cm. El extremo de apoyo del dardo es mixto, presentando un rebaje hembra y dentro un saliente macho donde encajaría el hueco del extremo del dardo. Es también muy característico los bucles o agarraderos para los dedos índice y medio, situados por encima de la empuñadura. Así se evitaba el escape accidental del propulsor en el lanzamiento.

Otros diseños de propulsores norteamericanos son los ejemplares arqueológicos mostrados a continuación:

Se observan distintas soluciones para el agarradero de los dedos y distintas formas de contrapesos.

De los dardos no se conservan especímenes completos de los que tomar su longitud y composición, que puede deducirse sin embargo del magnífico petroglifo hallado en el Valle del Fuego, en Las Vegas, en el que se observa además del diseño perfecto del propulsor, un dardo de gran longitud, dotado de emplume.

CENTRO Y SUDAMÉRICA
El atlatl (nombre original azteca), estólica o lanzadera (nombres españoles utilizados por los conquistadores), son nombres que designan al propulsor usado en estas áreas. Se usó fundamentalmente en mesoamérica, Colombia y algunas zonas de Perú.
Fue el arma por excelencia de los aztecas. En las representaciones mostradas a continuación, las tres de la izquierda están basadas en  esculturas aztecas, y en ellas se aprecia el corto propulsor profusamente decorado con plumas, en consonancia con los aparatosos vestidos aztecas;  el método de sujeción se basa  en agujeros para introducir los dedos. El apoyo del dardo es mixto. Se aprecia también un haz de largos dardos dotados de emplume, que no parece el típico de las flechas de arco, sino una especie de cucurucho alrededor del extremo del dardo.
En la figura de la derecha se representa el símbolo de guerra azteca, según el “códice de Mendoza”; se aprecia en ella una panoplia compuesta por escudo con conchas, dardos con punta de sílex  y un especial emplume. Por encima del escudo sobresale la empuñadura del propulsor, dotada de dos agujeros para los dedos. En español figura la leyenda “instrumentos de guerra”. En el centro, un detalle central de un famoso códice mixteca muestra el personaje que porta el haz de dardos y el atlatl.

Con este arma causaron múltiples problemas a los conquistadores españoles, pues  era capaz de atravesar las cotas de malla de los soldados.

En Perú se usó también por diferentes culturas indígenas y finalmente por el ejército inca. Solía estar formado por un bastón o vara circular dotada de uno o dos ganchos. Uno, para  el acoplamiento del dardo, y otro, en el  extremo opuesto, era un apoyo para posicionarlo sujetando con el dedo índice sobre él. Hay ejemplares arqueológicos muy elaborados, con ganchos de hueso, piedra e incluso moldeados  en metal y recubiertos con oro. Los ganchos pueden representar figuras zoomorfas y antropomorfas.

La siguiente figura es un dibujo de un indio tiboita, de la región de Mojos, entre Bolivia y Brasil. Se aprecian claramente los largos y finos dardos, sin emplume, y con afilada punta en forma de arpón. Igualmente está bien representada la manera de agarre y lanzamiento del atlatl.

Es en pueblos aborigenes actuales de Mesoamérica donde se han podido encontrar especímenes de propulsor conservados, ya que han seguido usando el arma desde tiempos ancestrales hasta casi el presente, como veremos en otro apartado.
El siguiente propulsor es de Tarascan, Mexico.

Obsérvense los dos agujeros para la introducción de los dedos, lo que permite un buen agarre, y el extremo macho-hembra, con un puntero tallado sobre la canaleta que se prolonga a todo lo largo del instrumento.

REPLICAS DE PUNTAS DE FLECHA - ARROWHEAD - LA PAZ BCS 11

En agosto de 1892 León Diguet tomó una fotografía de María Ignacia Melina de Loreto que se decía que era 85 años de edad y uno de los últimos cuatro Guaycuras siguen viviendo entonces. Su padre había sido un medio Guaycura, y su madre Guaycura de pura sangre.
El Guaycura fueron los vecinos directos de la única Pericú. Las relaciones no parecen haber sido amistosa o cerrar. El área donde se superponen sus fronteras tribales (en el área de La Paz) se disputaron entre los dos grupos.

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Los PERICÚS; conocidos también como edúes y coras

de la Peninsula de Baja California parte sur

8e074-guaycura


El registro arqueológico en el Territorio PERICÚ se extiende hasta los principios del Holoceno, hace cerca de 10 mil años, y persiste hasta el Pleistoceno tardío (Fujita 2006). Los distintivos Cráneos Hiperdolicefálicos (cabezas alargadas) encontradas en algunos entierros de la región de Los Cabos que sugiere a algunos expertos que los Ancestros de los PERICÚS fueron migrantes trans-pacíficos o remanentes de algunos de los primeros Colonos de América. (González-José et. al., 2003; Rivet, 1909). Los emblemáticos entierros del Complejo Las Palmas, que se relacionan con entierros secundarios pintados con ocre rojo depositados en cavernas o abrigos rocosos, son particularmente notables (Massey, 1955). El uso continuo del Átlaatl al lado del arco y flecha, persistió hasta finales del siglo XVIII, mucho tiempo después de que muchos Pueblos Indígenas habían abandonado su uso en América del Norte. Este rasgo ha sido interpretado como una expresión del excepcional grado de aislamiento del extremo sur de la Península de California (Massey 1961).


Harumi Fujita (2006) ha delineado el cambio de patrones en la explotación de recursos marítimos y los asentamientos en la región de Los Cabos durante la Época Precolombina. De acuerdo con Fujita, alrededor del año 1,000 de nuestra era, cuatro Grandes Centros de Importancia Socioeconómica y Ceremonial surgieron en Los Cabos: Cabo San Lucas, Cabo Pulmo, Airapí (La Paz) e Isla del Espíritu Santo.

 

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