puntas de flecha de baja california sur

LA PAZ, BAJA CALIFORNIA SUR

ARTESANIAS LITICAS DE SUDCALIFORNIA  / ARTESANO CASIMIRO GARDEA OROZCO

La cultura de los pueblos que habitaron la península siempre ha causado un gran interés para los antropólogos y arqueólogos, también ha despertado el interés de la sociedad  que busca conocer y comprender el cómo vivían y concebían su espacio geográfico.

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Gracias a los escritos de los misioneros Jesuitas y Dominicos principalmente, nos ha llegado información acerca de su modo de vestir, alimentación y algunas de sus costumbres, aunque hay que señalar siempre con el sesgo característico de una cultura totalmente diferente. Fue en los últimos dos siglos (1800-2000) principalmente, cuando los investigaciones y reflexiones acerca de las culturas indígenas que habitaron la península dieron como resultado un mayor interés de la población por conocer y comprender de una manera más objetiva, estas culturas que lograron con el paso de los siglos adaptarse a un medio hostil.

replica de hacha prehistorica2

Esta fascinación despertada ante el hallazgo de algunas puntas de flecha en 1977 en sus paseos por las cercanías de la ciudad de La Paz, especialmente durante sus caminatas por la playa El Conchalito, hace ya más de 35 años motivo en Casimiro Gardea Orozco, nacido en la Cd. de Chihuahua, Chih. Y avecindado en esta ciudad desde 1975, siendo sobreviviente del Ciclón Liza en 1976, por esta causa estando el internado en La ciudad de Los Niños y Niñas de La Paz y siendo aprendiz de Diseñador Gráfico en la imprenta, adquirió la costumbre de salir desde temprano los domingos a caminar por la playa . . .  durante estos paseos fue que encontró sus dos primeras puntas de flecha completas de un  tamaño aproximado a 4 pulgadas de largo en perfecto estado, siendo que él no conocía este tipo de herramientas, únicamente en el museo y en los libros,  dichas puntas se las mostro a una de las personas encargadas del internado que en unos de sus viajes a Italia las llevo quedando estas en las manos de una persona que trabajaba en uno de los museos de aquel país, de las cuales no volvió a saber de ellas, a cambio esta persona a su regreso le obsequio un cuchillo tallado de marfil que trajo de áfrica, a partir de ese entonces nació en el la costumbre de cada vez que salía a caminar… buscar y coleccionar piezas líticas, encontrando casi en su totalidad piezas fraccionadas o quebradas y esporádicamente piezas completas, su perseverancia le llevo a juntar más de 40 piezas completas en perfecto estado las cuales dono en el 2012 al Museo de Antropología e Historia de Baja California Sur para su exposición junto con un molar de camello prehistórico que encontró frente al antiguo hotel Gran Baja.

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Su labor creativa no concluyo con la entrega de esta colección, sino que al darse cuenta de que la mayoría de las puntas de lanza y flecha que se encontraba estaban partidas o quebradas tal vez por el uso que se les dio al ser arrojadas contra sus presas o a la hora de estar haciendo su percutido se le quebró al autor original de las mismas y en base a artículos publicados en libros por investigadores decidió realizar con la técnica de percutido algunas puntas de flecha que después de muchos intentos logro sus primeras replicas (por mencionarlas así pero en su caso son originales, por lo regular ninguna pieza es igual a la otra) durante varios años estuvo guardando estas piezas, no quedando satisfecho con esto empezó a fabricar también hachas, después le nació la inquietud de hacerlas de una manera más completa y comenzó a confeccionar arcos con sus flechas haciendo los amarres con cordel de pesca, pero esto tampoco le satisfacía y comenzó a investigar el tipo de amarres que los indios californios usaban, leyendo el algún libro que ellos hacían lasillos machando las raíz del cardón, choya, ocotillos y magueyes silvestres, tratando de simular esta técnica intento buscar la manera de hacer algo similar a los hallazgos en las excavaciones, incluso uso hoja de palma pero no le parecía bien, hasta que en una charla en internet con un coleccionista argentino este le dijo que en algunas culturas utilizaban la fibra de la hoja del plátano para vendar las heridas y en algunos caso los hilos de las hojas para hacer suturas craneales, que lo intentara de esta manera, así lo hizo logrando lasillos muy parecidos a los utilizados por los antiguos californios, confirmándolo después cuando se le permitió la entrada al laboratorio del Museo de Antropología e Historia de Baja California Sur para observar los lasillos que ahí conservaban de un faldellín pericué hecho con nudillos de carrizo de más de 700 años de antigüedad en cual se le solicito les elaborara con esta técnica para colocar en un maniquí de una mujer pericué  junto con un pectoral de concha de madreperla para su compañero.

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Ya logrado este paso comenzó confeccionar arcos completos con su flechas haciendo sus amarres con esta fibra de plátano poniendo mango a las hachas haciendo los amarres con esta fibra, logrando de esta manera piezas que envidiaría cualquier coleccionista de armas antiguas y así consiguió hacer su primera pequeña exposición durante el mes de mayo al mes de agosto de 2013 en Centro de Artes Tradiciones y Culturas Populares de Baja California sur.

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Casimiro Gardea Orozco presento esta serie de objetos con la finalidad de que las personas obtengan una imagen de cómo eran utilizados y la importancia que tenían para las culturas de los indígenas californios dedicados principalmente a la caza y recolección de frutos y semillas. Además esta piezas son concebidas por el autor como una artesanía diferente tal vez, pero no menos importante al ser hechos con enorme destreza y habilidad..

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Reconocemos la constante labor de este artesano que nos ofrece una interesante visión de la cultura de los antiguos californios, esperando que hayan disfrutado de esta muestra del talento y creativad de este Sudcaliforniano por adopción.

Hoy sus piezas están a la venta en:

 La Casa del Artesano Sudcaliforniano

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Parque Cuauhtémoc   Bravo y Mutualismo Frente al Malecón

 

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               Calle Madero e/ 16 de Septiembre e Independencia

 

 

 

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Francisco López Gutiérrez2

Para Ramón Orozco  Hirales “El Roca” 3

Por más de 50 años la imprenta de la Ciudad de los Niños de La Paz, ha jugado un papel significativo en la promoción de las artes gráficas en el noroeste de México, particularmente, en el periodo de los años 60 a los 80 del siglo pasado. Por ello, es oportuno hacer aquí una breve reseña de esta paradigmática imprenta -fundada por los misioneros combonianos-, semillero de gran parte de la comunidad de impresores dedicados a la impresión comercial y a la producción editorial en el estado de Baja California Sur.

Los inicios

En 1958, el misionero comboniano José Menegotto4 mejor conocido como «el hermano José» llega a la Ciudad de los Niños de La Paz en sustitución del Hno. Arsenio Ferrari y encuentra una prensa mecánica tipo Chandler la cual había llegado al entonces Territorio Sur de Baja California en 1907; misma que había sido donada a la institución, por una familia de la sociedad paceña, como fierro viejo: acompañada con cajas (chivalets) de tipo de metal revueltos de diferentes tamaños y unos separadores de madera y aluminio llamadas garnituras.

Inmediatamente el Hno. José se da a la tarea de ubicar la prensa Chandler en uno de los salones del internado: La limpia y acondiciona mecánicamente mediante un motor eléctrico y una polea y habilita un par de mesas de trabajo e invita a varios niños internos y externos si les gustaría «formar nombres» con los tipos de metal y a manejar la máquina. La mayoría se interesa en el nuevo oficio y surge así la primera Escuela Taller de Imprenta en Baja California Sur. Este hecho marca un hito en la formación de recursos humanos, jóvenes, en un nuevo campo de trabajo técnico en Sudcalifornia: la impresión comercial y posteriormente en la producción editorial

Naturalmente que el más contento por la fundación del taller de imprenta fue el padre Carlos Toncini†, rector de la Ciudad de los Niños, ya que en pocos meses aquí se empiezan a imprimir los primeros volantes y folletos internos que él necesitaba para anunciar la misa del domingo, con su respectiva kermés en el atrio del Santuario de Guadalupe de nuestra ciudad capital.

Ramón Orozco Hirales uno de los primeros linotipistas sudcalifornianos

Así, la escuela taller de imprenta Ciudad de los Niños se va consolidando bajo la coordinación del Hno. José y la ayuda de algunos jóvenes externos, como Raúl Gómez†, Jesús Vergara Torres, Ramón Orozco Hirales, Federico Álvarez Flores, Luis Barbosa, Manuel Salgado Geraldo, José Jorge Higuera Amador† y Miguel Hernández Ceseña. De igual forma y con la ayuda fundamental de los internos más grandes, quienes se convertían en instructores de los pequeños aprendices; por todo ello, en pocos años, la imprenta ofrece profesionalmente sus servicios de impresión comercial al sector público como privado del territorio; convirtiéndose rápidamente así en el motor vital y económico de esta noble institución. Por otro lado, Fermín Castro Cota y Raúl Ortega Domínguez «El Pilucho» contribuyeron fielmente en el apoyo del crecimiento de la imprenta en el rubro de entrega y cobranza de trabajos y mantenimiento, respectivamente.

Cabe mencionar que por aquél entonces las distintas dependencias gubernamentales y los empresarios locales y regionales favorecían a la imprenta de la Ciudad de los Niños con órdenes de trabajo de muy considerable tiraje, lo que fortaleció al recambio natural del equipo de maquinaria de impresión. Por ejemplo, la composición de tipos a mano para la impresión de esquelas y tarjetas de navidad fue sustituida por una linotipo cuyo mecanismo se basaba en utilizar metal fundido -aleación de plomo, estaño y actinio- el cual era depositado en una matriz de tipos accionados mediante un teclado mecánico.

Uno de los primeros linotipistas en el territorio está aquí con nosotros: El Sr. Ramón Orozco  Hirales, «El Roca». Así se unía, como nueva generación de linotipistas, a Pedro Estrada, Pedro Alfaro, Jesús Montaño y Luis Barbosa que trabajaban en los periódicos Ultimas Noticias y El Sudcaliforniano, respectivamente

Al contar con una máquina linotipo al mando de «El Roca» y prensas automáticas Heidelberg, cuyo primer operario fue Francisco Cota; entonces se estaba ya en condiciones de responder a la necesidad de edición de proyectos editoriales de entidades del noroeste. Por esta época aquí se imprimió el libro Tras las huellas del valle de El Fuerte, Sinaloa y otros folletos de información turística de Mazatlán y Guadalajara. Consecuentemente, se pudo atender a creadores y escritores locales como Jesús Castro Agúndez, Leonardo Reyes Silva, Armando Trasviña Taylor, Francisco Javier Carballo, entre otros, quienes confiaron en la Imprenta de la Ciudad de los Niños como casa impresora y editora de sus obras.

El misionero comboniano, Bernardo Becchio, constructor de la primera cámara de fotomecánica en Sudcalifornia

Otro paso fundamental ocurrido en el crecimiento de la imprenta de la Ciudad de los niños fue cuando las primeras máquinas offset llegaron a revolucionar la productividad de esta imprenta sustituyendo, en gran parte, el trabajo manual de los jóvenes impresores internos. Sin embargo, para poder dar este salto de calidad y eficiencia se requería contar con los insumos y equipo necesario que la nueva tecnología de impresión requería. Una de ellas era contar con los recursos materiales y humanos cualificados en fotomecánica.

El P. Bernardo era para mí como un profesor alemán: No muy alto de uno setenta y cinco, aproximadamente, pero de complexión fuerte: de brazos y manos gruesas metódico y trabajador, serio, siempre serio con lentes cristalinos color agua marina y de marco negro. Con una afición innata a la fotografía. Él fue quien ideó y fabricó con sus propios recursos la primera cámara de fotomecánica en la imprenta de la Ciudad de los Niños y por tanto en el Territorio.

Tal proceso de construcción llevó cerca de un año: Primero construyó en el fondo de la imprenta -ya para entonces ampliada-, en el rincón de la derecha, un pequeño cuarto oscuro de 3m de largo por 2m ancho y 3m de alto, con una ventana de un metro cuadrado viendo hacia la imprenta y una puerta de acceso por el lado izquierdo. Mientras se adaptaba una tarja con sus grifos de agua y un pequeño estante en el interior, mandó construir -en el taller de herrería de la propia Ciudad de los Niños- unos rieles de fierro de 3m de largo por 1:00m de alto sostenido este por 3 pares de patas del mismo material.

Luego consiguió de una familia paceña una aspiradora usada y la conectó al centro de una de las caras de una cámara hueca y sellada por los perfiles de afuera, con forma rectangular de aproximadamente 90cm por cada lado y 05cm de grosor. Con la particularidad de que toda la superficie de uno de sus lados estaba perforada por pequeños poros, de tal suerte que cuando se encendía la aspiradora hacía vacío en la cámara y succionaba, y así se mantenía la película adherida a la superficie sensible a la luz para su exposición respectiva. A esta cámara de succión le implementó un vidrio abatible adyacente sujeto por bisagras y enmarcado con una escala de proporcionalidad y un centro focal cuya función era precisamente focalizar, los originales a reproducir.

Una vez hecho esto, colocó la cámara de succión completa en la ventana hecha ex profeso para tal fin.

Pudo, finalmente, adquirir en la Ciudad de México un lente apropiado; lo montó en la punta de un fuelle, tipo acordeón, y éste lo unió al marco exterior de la cámara de succión y a la vez lo sujetó a un gusano sin fin que permitía maniobrar el lente desde el interior del cuarto oscuro y lograr así el punto de enfoque del tamaño de impresión requerido desde el original -fotografía, gráfico o dibujo comercial- sostenido en el porta original situado en la parte distal del riel en el cual se deslizaba por este pudiéndose colocar a diferente distancia del lente, dependiendo del grado de magnificación o reducción requerida por la orden de trabajo.

La iluminación sobre el original la generaban dos lámparas con tres focos de 250 watts situadas a cada lado de la porta original. La primera cámara de fotomecánica en Sudcalifornia había sido construida5.

Primera impresión de fotografías en medio tono en prensas offset

Así, en la primavera de 1965 con esta cámara de fotomecánica -hecha en casa- y en este cuarto oscuro se obtuvo el revelado del primer negativo de fotografía en medio tono, blanco y negro, en el entonces Territorio Sur de Baja California. Mismo que se trasladó a la placa de aluminio y se reprodujo por primera vez en prensas offset, con fines comerciales.

La fotografía era un detalle de la panorámica del balneario El Coromuel tomado de Sur a Norte desde arriba en la curva de la carretera que comunica al puerto de Pichilingue. Este hecho constituye un dato importante para los estudiosos interesados en el desarrollo de las artes gráficas en el estado. El crédito debe ser para el misionero comboniano Bernardo Becchio, sin lugar a dudas. Ya que sin la cámara de fotomecánica construida por él, este desarrollo en la impresión comercial no hubiera sido posible.

Yo sólo estuve ahí con él ayudándole, divertido, pues me reía cuando después de mucho hacer notas y cálculos en tiempo de exposición de los negativos y tiempo de revelado y regulación de la temperatura de la solución de los líquidos -con pedacitos de hielo- no se registraba el gradiente de tonos y grises requeridos; era entonces cuando el P. Bernardo, exclamaba en italiano una y otra vez: “oila mastella!” oila mastella!” Que más o menos significan ¡Carajo! ¡Carajo! Y ¿tú, Francesco, de que te ríes…? Yo, un púber socarrón, en la penumbra de la luz roja del cuarto me sonreía en voz, baja, muy baja.

Al cabo de un año al Padre Bernardo Bechio lo nombraron Provincial de los misioneros combonianos, tuvo que irse a la Ciudad de México a cumplir con su nueva responsabilidad. Y, yo su aprendiz, me quedé a cargo del cuarto oscuro a reírme solo de mi propia ignorancia.

Cabe hacer notar que de aquí de esta cámara fotomecánica salieron las primeras placas conteniendo los suplementos fotográficos en blanco y negro del periódico el Sudcaliforniano -la tripa, decían Carlos Morgan Martínez, su fundador, y Héctor Villareal-, también, se pudieron imprimir varias revistas de tipo político-social: como por ejemplo, el folleto Transformación, de la Cámara de Comercio de La Paz; California Gráfica, fundada por don Miguel Guzmán Cárdenas y actualmente aun editada por la periodista Armida Caloca; culturales como EL NORMALISTA, órgano de información de la sociedad de alumnos normalistas, coordinados por el profesor Eligio Moisés Coronado; Palestra, del profesor Alfredo Carballo; Airapi, de Epifanio de la Peña Núñez, entre otras revistas y folletos de esa época.

Cómo no recordar los libros de Jesús Castro Agúndez: El canto del Caudel, y Patria Chica, segunda edición; Loreto 70, editado por el movimiento de opinión política liderado por Félix Alberto Ortega Romero, Alfredo González González, César Castro, Ildefonso Green Garayzar, Alejandro Domingo Martínez Rodríguez, Carlos Zaragoza Cota Carrillo y Anselmo Romero, entre otros, redactores del Eco de California.

Edgardo y Epifanio de la Peña Núñez, dos talentos naturales

Un protagonista importante en el trabajo de artes gráficas de aquella época era el dibujante. Ya que todo era trazado a mano. No existían las computadoras y su software que todo facilita para el diseño. En este renglón la imprenta de la Ciudad de los Niños estaba cubierta con dos talentosos dibujantes naturales: Edgardo y Epifanio de la Peña Núñez, ambos nativos de San Antonio, BCS, y por razones familiares estuvieron internos por muchos años en esta institución.

Luego, al correr de los años, se independizaron formando su propia imprenta por separado. No obstante sus primeros trazos artísticos los iniciaron en esta imprenta y los podemos encontrar en diversos retratos al lápiz y al carbón; en las viñetas de libros, poemarios, revistas y folletos impresos por aquella gloriosa época. Entre otros galardones a Edgardo de la Peña, se debe el logo de la Universidad de Baja California Sur y fue ganador de varios concursos de dibujo y pintura a nivel nacional.

Edgardo se convirtió en instructor de dibujo de jóvenes como Francisco Lozano, Gerardo Villegas, Alejandro Gutiérrez Liera y Manuel Orozco  Hirales. Siguiendo la tónica formativa del Hno. José.

La Imprenta Ciudad de los Niños, semillero de empresarios en artes gráficas

Sirva este espacio para reconocer el rol que ha jugado a lo largo de más de cinco décadas este Taller Escuela de Imprenta Ciudad de los Niños, y a vuelo de pluma puedo señalar en esta ocasión a las siguientes imprentas establecidas a lo largo y ancho de la entidad:

Impresora Edgardo (con sucursales en Cabo San Lucas), creada por Edgardo de la Peña Núñez; Imprenta Gutenberg, de Epifanio de la Peña Núñez; Imprenta Garmi, de Cristino Miranda Núñez; Imprenta Gardea, de José Luis Gardea; Imprenta Collage de Pablo García Gutiérrez; Imprenta Israel, de Emeterio Orozco  Hirales; Imprenta Luna(con sucursal en Guerrero Negro), de Juan Manuel Cantera Luna y Fernando Alfaro; Imprenta D´Marco, de Marco Antonio Quiroz Razo, ubicada en Cabo San Lucas.

Todos estos exitosos empresarios -y los que involuntariamente omito por mi mala memoria-, fueron formados en el ramo de las artes graficas en la Imprenta Ciudad de los Niños, por los misioneros combonianos: Hno. José Menegotto, P. Bernardo Becchio y Hno. José Samboni de feliz memoria ya en el imaginario de gran parte de la comunidad de impresores sudcalifornianos.

La presencia en la entidad -en plenitud- de los misioneros combonianos (1948 a 1976) es de un significado cultural innegable: necesariamente, se debe empezar a rescatar su obra y ponderarla en el contexto orgánico regional. Qué fortuna haber sido parte de esta historia hecha de letras en papel con olor a tinta fresca.

Fuente y Notas

1LÓPEZ GUTIÉRREZ, FRANCISCO, 2002, Un recuento histórico preliminar. 50 Aniversario (1952-2002). Ciudad de los Niños y Niñas de La Paz, AC.

2Profesor-Investigador, Responsable del Archivo Histórico Gilberto Ibarra Rivera de la Benemérita Escuela Normal “Profr. Domingo Carballo Félix”

3 “El Roca.” La imprenta de la Ciudad de los Niños es como una higuera silvestre. Ramón Orozco  Hirales es la Roca en donde esta higuera vive. En aquél 1963, nunca me imaginé que el niño larguirucho, torpe y frágil fuera a mostrar, al correr de los años, tanta fortaleza y lealtad hacia su trabajo. ¡Reacciona!, ¡Reacciona!, ¡pareces una roca! Le gritábamos los más atrevidos en la imprenta. He ahí el origen de su primer y segundo sobrenombre: “El Reacciona” y “El Roca”. El segundo ha prevalecido, felizmente, por 50 años. Durante estos cincuenta años la imprenta ha sorteado muchas dificultades pero, me atrevo a afirmar, siempre ha tenido al alcance de sus raíces una Roca, “El Roca”, en donde asirse. Por lo menos 7 prósperas imprentas han sido fundadas en La Paz por jóvenes formados a la sombra protectora de Ramón Orozco  Hirales, sin embargo, él se mantiene fiel a su misión, el de mantener viva su Imprenta de la Ciudad de los Niños. Gracias, Roca, por darnos ese ejemplo de esfuerzo y lealtad a lo largo de 54 años.

4Cronologìa del Hno. José Menegotto

*En 1950 José Menegotto misionero comboniano llega a la península de Baja California.

*De 1950 a 1955 trabaja en la región del Triunfo y San Antonio con el Padre Carlos Toncini.

*De 1956 a 1957 trabaja en el seminario Comboniano de la Ciudad de México.

*En 1958 regresa a Baja California Sur y funda la Escuela Taller de Imprenta en la Ciudad de Los Niños de La Paz,

*En 1962 conjuntamente con el Padre Carlos Toncini inicia la Ciudad de las Niñas.

*En 1964 participa activamente al lado del Padre Carlos Toncini en la fundación de la Colina de la Cruz.

*En 1979 sale de Baja California, después de que la Prefectura Apostólica de La Paz fue entregada a la Diócesis de La Paz.

*La presencia de los misioneros combonianos, a la cual el Hno. José Menegotto pertenece, es de un extraordinario significado cultural para la sociedad sudcaliforniana y necesariamente, se debe colocar en el contexto orgánico regional.

*En los primeros años de trabajo los Misioneros Combonianos estuvieron colaborando con los Misioneros del Espíritu Santo, atendiendo la parte sur de la península, mientras que ellos lo hacían en la parte norte. Por ejemplo, la región del Triunfo y San Antonio fue atendida por el Padre Carlos Toncini y el Hermano José Menegotto.

5Nota: Tengo entendido que la cámara esta aún en funciones en la Imprenta Israel, propiedad de Emeterio Orozco  Hirales, quien se formó como impresor en la Imprenta de la Ciudad de los Niños.

Lista de Impresores con 30 y más años de Servicio,

que conocí como trabajadores en distintas épocas en la Imprenta Ciudad de los Niños

Alejandro Gutiérrez Liera

Alfredo Carballo Cota

Arturo González

Casimiro Gardea Orozco

Cristino Miranda Núñez

Edgardo de La Peña Núñez

Emeterio Orozco  Hirales

Epifanio de La Peña Núñez

Federico Álvarez Flores

Fermín Castro Cota

Fernando Alfaro

Francisco Lozano

Gerardo Villegas

Héctor Ojeda Segura

Jesús Montaño

Jesús Nápoles Avelar†

Jesús Vergara Torres

Jorge Ojeda Segura

José Arturo Muñoz Padilla

José Domingo Escalante

José Jorge Higuera Amador†

José Luis Gardea Orozco

José Ramón Jiménez Rosas

José Santos Cota

Juan Manuel Cantera Luna

Luis Barbosa

Manuel Salgado Geraldo,

Marco Antonio Quiroz Razo

Miguel Hernández Ceseña

Pablo García Gutiérrez

Rafael Jiménez Rosas

Ramón Orozco  Hirales

Raúl Gómez†

Raúl Ortega Domínguez

Vista de la imprenta actualmente

cd de los ninos

P. Fernando Quezada asumió la rectoría desde 1991 a 2000 y, en un segundo periodo, de 2004 a la fecha. El equipo de trabajo que colabora con el Padre Fernando está compuesto por dos seminaristas, cuatro religiosas y un patronato de la institución, así como el apoyo entusiasta de las damas voluntarias de la Ciudad de los Niños.

cd de los ninos 2

 CIUDAD DE LOS NIÑOS Y NIÑAS DE LA PAZ,

BAJA CALIFORNIA SUR

 

 

 

 

 

 

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